La peatonal de San Pedro Sula se abre a todos los gustos

Solo el pedestal quedó del busto de Manuel Bonilla, derribado en los disturbios tras el golpe de Estado.

Este fotógrafo se las ingenia con caballitos, al estilo de antes, para atraer clientes. Foto: M. Cubas
Este fotógrafo se las ingenia con caballitos, al estilo de antes, para atraer clientes. Foto: M. Cubas

San Pedro Sula, Honduras.

En la zona peatonal, que abarca el parque central de San Pedro Sula, el paseante encuentra desde una divisa extranjera hasta medicinas naturales para todos los males.

Cambiamos dólares, euros y quetzales”, pregona un cambista que sale al paso de los caminantes con un manojo de billetes en la mano. Enfrente está un Espresso Americano, adonde llegan los mismos clientes todos los días, con el pretexto de tomar café. Entre ellos hay abogados, pastores evangélicos y periodistas que llegan a llenar un crucigrama después de “sudar la lengua” en una emisora. Por allá hay un parroquiano que saca un reloj para ofrecerlo en venta a sus compañeros de mesa. Siempre llega con joyas en sus bolsillos para comercializarlas en el café.

El remozado quiosco del parque es ahora una especie de cuartel de los policías municipales, quienes no pueden evitar que la gente llegue a comer en la rotonda. Pese a que han colocado conos de plástico alrededor de la misma para evitar el paso, los visitantes siempre se meten. “Lo más que podemos hacer es poner cajas para que echen allí los desperdicios”, dice una de las policías.

El mejor atractivo del parque son las esculturas de las lavanderas, que quedaron en seco desde que fue cancelada su fuente de agua.

Frente a la entrada al Pasaje Valle, el primer mall de la ciudad, se apostan los fotógrafos que allí mismo imprimen las gráficas en aparatos portátiles. Uno de ellos es Félix Santos, quien además tiene cerca un pequeño puesto de mercaderías y una balanza en la que por cinco lempiras pesa a los transeúntes. A sus espaldas están los servicios sanitarios públicos que fueron cerrados porque los usuarios los destruyeron. “Ya los repararon, pero no los volvieron a abrir”, comentó Santos.

Respecto a las mujeres que rondan todos los días por el parque, uno de los fotógrafos comentó: “Aquí hay de todo”.

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Artesanías y comidas a discreción hay en la extensa zona. Foto: M.Cubas
La Prensa