Damario Reyes, siendo panadero se dio cuenta que su verdadera levadura estaba en el arte

Siempre tuvo la convicción de que si quería ser más que un panadero tendría que estudiar. En su niñez hacía presentaciones para sus hermanos, pero temía actuar en público.

Damario Reyes interpreta fielmente a Scrooge, un anciando a quien no  le importan los demás, lo único que le interesan son los negocios y ganar mucho dinero.
Damario Reyes interpreta fielmente a Scrooge, un anciando a quien no le importan los demás, lo único que le interesan son los negocios y ganar mucho dinero.

San Pedro Sula, Honduras.

No es posible que Damario Reyes haya envejecido tanto en poco tiempo pensamos cuando lo encontramos más delgado y cubierta su cabeza de canas.

El actor explicó que se había sometido a un tratamiento para descolorar su escasa cabellera con el fin de representar mejor a su personaje Ebenezer Scrooge, protagonista de la obra teatral Cuento de Navidad de Charles Dickens.

También se dejó crecer el pelo hacia atrás para resaltar su calvicie y se puso a dieta para poder entrar, no solo en el traje, sino también en la piel del personaje. Scrooge es un hombre de corazón duro y egoísta, al que le disgusta la Navidad, los niños y todo lo que produce felicidad.

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Al final de la obra cambia radicalmente y pasa a ser un modelo de bondad, generosidad y amabilidad, y la viva representación del espíritu navideño.

En otras ocasiones, Damario ha tenido que raparse y luego maquillarse la cabeza para verse calvo. Es el precio que tiene que pagar para ser un buen actor.

Cuando salió de la primaria, su padre le consiguió trabajo como aprendiz en un taller de mecánica. Pero eso de embadurnarse de grasa y aceite para nada le gustó. Prefirió el trabajo de panadero que le ofreció un amigo suyo para poder estudiar en su tiempo libre. Renegaba cuando se llenaba accidentalmente de harina mientras trabajaba como panadero, sin imaginar que después tendría que blanquearse a propósito la cara para ganarse la vida como mimo.

Damario Reyes siempre tuvo la convicción de que si quería ser más que un panadero tendría que estudiar, pese a que su padre opinaba que para abrirse campo en la vida bastaba con que aprendiera un oficio.

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Ha actuado en varias obras como Mimesis que narra las vicisitudes del hombre de ayer y de hoy.

Como panadero aprendió que para darle buen sabor al pan había que amasar la harina con amor. Sabía cómo darle el punto exacto a la popular semita de yema. “Si no tiene suficiente yema de huevo, no puede ser semita de yema”, dice. Con estos y otros secretos que le enseñó la práctica montó su propio negocio con su amigo; pero luego se dio cuenta que la verdadera levadura de su vida estaba en el arte.

Siendo niño hacía presentaciones para sus hermanos, pero no se atrevía a actuar en los actos de su escuela porque se lo impedía su timidez. “Me gustaba llamar la atención, y creo que por eso logré vencer mis miedos”.

Cuando hace unos años una de sus maestras de escuela lo vio actuar se quedó sorprendida. “No me imaginé que te ibas a dedicar a esto porque eras demasiado introvertido”, le dijo la que fuera su profesora en la escuela República de Cuba. Para llegar a los principales escenarios como actor debió estudiar teatro en la Universidad Pedagógica. Pareciera que esa universidad hubiese abierto la carrera de Artes solo para que estudiara Damario porque la cerraron en cuanto se graduó como licenciado en Teatro.

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En su casa dedica muchas horas a preparar sus personajes actuando frente al espejo.

Damario prefiere el papel de mimo al de los otros géneros teatrales porque es menos practicado en nuestro medio, aunque a veces lo confundan con un payaso.

Sin embargo, en el papel de Scrooge se luce como actor en estas temporadas. Explica que el personaje cambia radicalmente al final y se vuelve un hombre de buen corazón. “Se convierte en un anciano amable y decide finalmente celebrar la Navidad”.

En su casa dedica muchas horas a preparar sus personajes frente al espejo. Una vez pasaron unos chavos frente a su ventana y lo vieron preparando un personaje femenino. “Cuando me vieron maquillándome regresaron para lanzarme un piropo. La sorpresa de ellos fue cuando yo les contesté con voz de hombre”, relata Reyes. Cierta vez se le olvidó su estuche de maquillaje y se vio obligado a ir a comprar cosméticos a una tienda. Tuvo que explicar que tenía una actuación cuando vio a las dependientas con una sonrisa maliciosa. También se ha visto en situaciones embarazosas, como cuando un niño lo agarró como su muñeco, sin que él pudiera controlarlo.

Al ver al mimo que se retorcía como si fuera de plastilina, el pequeño se le acercó y comenzó a “moldearlo”. “Yo le seguía la corriente y me dejaba manipular, pero después de media ahora quería gritar para que me lo quitaran”. Su tormento terminó hasta que el cipote se cansó de su jueguito.

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Damario visitó la sala de Redacción de La Prensa.