18/08/2022
03:42 PM

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Testimonios de migrantes en EEUU: “Lloraban y gritaban, no había oxígeno y mi hijo convulsionaba”

Tres hondureñas relataron aLA PRENSA Premium la pesadilla que vivieron hace unos años dentro de tráileres en su ruta hacia EEUU.

San Pedro Sula
Taxista muerto en desierto

Recientemente se dio a conocer el deceso de un connacional en el desierto cuando iba hacia Estados Unidos. César Medina Villafranca caminaba por el desierto de Texas, Estados Unidos, cuando sus fuerzas lo abandonaron y ante el abrasador sol terminó muriendo.“En esa agonía que tuvo ojalá se haya arrepentido y haya clamado a Dios. Soy una cristiana de hace años y le di ese ejemplo”, manifestó su madre Vidalia, una mujer de 78 años en San Pedro Sula.

Asfixiados, masacrados, víctimas de accidentes viales o ahogados. Miles de migrantes han perdido la vida a lo largo de los años en su intento por llegar a Estados Unidos, pero la mayoría logra sobrevivir ante los embates encontrados durante el duro recorrido.

Diana, Vanessa y Emperatriz son tres hondureñas que se identificaron con la reciente tragedia ocurrida en San Antonio, Texas, y contaron cómo enfrentaron la muerte, en diferentes años, al interior de tráileres para lograr alcanzar lo que todos conocen como el “sueño americano”, en busca de mejores condiciones de vida.

Las tres mujeres relataron a LA PRENSA Premium la odisea que vivieron mientras permanecían encerradas durante extensas jornadas dentro de contenedores, soportando hambre, sed, calor y ausencia de oxígeno.

A continuación compartimos los tres episodios suscitados en tiempos distintos y que retratan el sufrimiento humano para llegar a Estados Unidos de forma indocumentada.

Asfixiados

Diana Rebeca Ponce Galindo (de 34 años), una excomerciante y exagente de bienes raíces, salió de su natal Juticalpa, Olancho, en agosto de 2021, llegando a Estados Unidos hasta en diciembre, cuatro meses después. La hondureña viajó con sus dos hijos de 10 y 12 años y fueron transportados en tres contenedores.

El coyote que coordinó su movilización les garantizó que “sería seguro, rápido y que todo estaba controlado en el camino”, por lo que pagó alrededor de 11,000 dólares (más de 270,000 lempiras).

El primer tráiler los movió desde Tabasco hasta Puebla, con unas 12 personas a bordo. “Solo nos daban indicaciones de subirnos, no platicábamos con nadie y nos instruían acerca de dónde teníamos que bajar, tampoco ellos daban sus nombres”, recordó la joven.

En el primer tráiler viajaron durante unas 15 horas sin parar, sin espacio para comer, beber agua ni ir al baño. Iban hondureños, guatemaltecos y salvadoreños, incluyendo niños y una mujer de la tercera edad.

Los encerraron sin aire y no podían moverse, incluso iba un bebé de meses que lloró en todo el camino, recordó Rebeca.Al bajar en Puebla descansaron durante tres horas en un hotel y el siguiente día subieron a un segundo tráiler con destino hacia Ciudad de México, con unas 16 personas a bordo y en un camarote.

Posteriormente, fueron movilizados a través de Monterrey y Reynosa. “Fue allí cuando comenzó la verdadera pesadilla, íbamos sin ventilación, con fiebre, dolor en el estómago y cuerpo, gripe y tos por los cambios de clima. Nos estaban tratando como animales, los coyotes no respondían celulares y nos decían que si queríamos un mejor trato debíamos pagar más”, rememoró.

Cuando llegaron a Monterrey, el dueño del lugar donde se hospedaron les advirtió que se avecinaba lo peor porque iban a ser subidos a un tráiler con 300 personas.

Ese camión lo abordaron a medianoche, se alinearon para entrar, tanto Rebeca como sus hijos se colocaron cerca de las compuertas ante cualquier emergencia.

En el trayecto, según citó, las personas comenzaron a gritar y a llorar de desesperación.Hubo un retén policial, por lo que el tráiler fue dirigido hacia una zona montañosa y estacionado durante al menos cuatro horas para evadir los controles.

“Mi hijo de 12 años comenzó a ponerse pálido, a quedarse sin oxígeno, fue entonces cuando comencé a gritar para que abrieran las puertas... por fortuna pudimos lograrlo durante 30 minutos”, dijo.

El furgón llegó hasta Reynosa, sitio donde llegaban todos los contenedores con migrantes. Desde ese punto, la familia pasó en balsas sobre el río Bravo para llegar a McAllen, Texas, y finalmente a Miami, donde vive actualmente.

Engaño

Ayari Vanessa Brizuela (de 32 años) y su hijo Hessel Elián Brizuela (de 4 años) emprendieron viaje el 6 de julio de 2021 desde San Antonio de Cortés ante la difícil situación de empleo en el país. Su coyote les prometió que jamás serían subidos a un tráiler y que llegarían rápido.

La madre y su hijo ingresaron a través de El Florido y se hospedaron durante una noche en Guatemala. Su tránsito en primera instancia fue mediante autobuses y en el trayecto se unieron otros migrantes hasta su arribo en Monterrey, México.

Allí se hospedaron en una vivienda durante dos días y les vendieron la ilusión de que serían movilizados en vehículos particulares; sin embargo, los terminaron metiendo a un contenedor cargado con al menos 140 personas, incluyendo niños y embarazadas. Todos iban apiñados y casi no había entrada de aire.

Vanessa dijo que de pronto varios menores comenzaron a desmayarse y su pequeño Hessel empezó a convulsionar, al menos tres veces, los labios de su retoño estaban morados y el rostro pálido.

Mientras gritaba de impotencia, fue auxiliada por jóvenes guatemaltecos que al mirar lo que ocurría decidieron desnudar al niño y darle agua para que pudiese sobrevivir.

“En ese momento pensé que nos íbamos a ahogar, que moriríamos. Le escribí a mi familia para decirles que estábamos sin oxígeno y que oraran para que alguien nos ayudara. Fue entonces cuando grité que abrieran las compuertas y les advertí a los encargados que llamaría a Migración”, subrayó.

Brizuela expresó que “después de 20 horas de camino se pararon y ordenaron que fuéramos al baño y a comer algo rápido. En ese momento les dije que no me volvería a subir porque mi niño casi se moría y era horrible. Entonces, el conductor me contestó y solicitó que me calmara porque había otro retén y debíamos pasar”.

Vanessa, su hijo y demás migrantes fueron bajados tras 30 horas de camino cerca del río Bravo... Nadie murió pese al terror vivido.

Pesadilla

Todos estos años no borran de la memoria de Emperatriz Ortez (de 52 años) lo que tuvo que pasar desde aquel 29 de mayo de 2004, cuando le tocó abandonar su casa, ya que el banco estaba a punto de quitársela y sus ingresos como comerciante eran bajos.

Un coyote vecino, que le cobró en ese entonces cerca de 50,000 lempiras, fue quien la movilizó en su ruta hacia Estados Unidos, primero en buses y caminando kilómetros sobre cerros. Una vez llegó a México tuvo que entrar al tráiler, no había otra opción... seguía o se quedaba en el camino y a la intemperie.

“Pasamos unas 13 horas dentro, había niños, jóvenes, embarazadas y adultos mayores desesperados y a punto de ahogarse. Por fortuna, el conductor del contenedor no nos dejó abandonados, pero allí todos lloraban y gritaban. Ahora cada vez que recuerdo la historia me da tristeza y me parece un sueño”, mencionó con nostalgia.

Todas comparten la misma pesadilla: el camión que las llevaría a alcanzar su sueño las encerró en una pesadilla, en un encuentro cercano con la muerte.

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