Millones de hondureños trabajan más de 8 horas diarias y ganan menos de salario mínimo

Según INE, más de 1.2 millones no alcanzan paga mínima definida por ley. Alertan que en 2025 será difícil que mejoren indicadores por ser año electoral, por política exterior de EUA y migración.

Millones de hondureños trabajan más de 8 horas diarias y ganan menos de salario mínimo
  • 08 de enero de 2025 a las 23:18 /
Desempleo desenfrenado

San Pedro Sula, Honduras.-

Honduras enfrenta una compleja realidad en el ámbito laboral, donde las altas tasas de desempleo, la prevalencia del trabajo informal y el subempleo retratan los retos estructurales de una economía que lucha por ofrecer estabilidad y oportunidades a su población.

En un reciente informe del mercado laboral, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reveló que hasta junio del año pasado, 3,724,971 personas formaban parte de la población ocupada. Esta cifra representó un aumento del 2.36% en comparación con el mismo período del año 2023, lo que significó 85,879 personas más integradas en el mercado de trabajo; sin embargo, el gran problema de la fuerza laboral hondureña radica en la informalidad: aunque tienen un trabajo remunerado, no ganan lo indicado por ley o no trabajan lo suficiente.

Los reportes del INE mostraron una leve mejoría en el tema empleo en Honduras, aunque con los mismos problemas estructurales: la población con problemas de empleo alcanzó los 2,026,306, una cifra que incluye no solo a quienes están plenamente ocupados, sino también a los desocupados, subocupados y a aquellos considerados parte de la fuerza de trabajo potencial; no obstante, detrás de estos números se esconden realidades laborales complejas que merecen atención.

Uno de los hallazgos más alarmantes es que la mayor proporción de personas con problemas de empleo pertenecía a los subocupados por insuficiencia de ingresos, representando el 63.9% del total. Por otro lado, los subocupados por insuficiencia de tiempo de trabajo representaron el 15.6% del total.

Suelen ser empleados en microempresas o como comerciantes independientes, donde los ingresos dependen de las ventas diarias. Muchas veces no se cumple con el salario mínimo debido a la baja rentabilidad de los negocios o la falta de contratos formales (vacaciones, seguridad social o indemnización laboral).

Según estimaciones recientes, la tasa de subocupación por insuficiencia de ingresos alcanzó el 34.8%, mientras que la subocupación por insuficiencia de tiempo se situó en un 8.5%.

La diferencia entre estas dos formas de subocupación dicta las características de una economía marcada por la informalidad y los bajos salarios.

La subocupación por insuficiencia de ingresos es más común, ya que muchas personas, aunque trabajan jornadas completas o parciales, no logran obtener ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. Esta situación es especialmente frecuente en sectores donde predominan los empleos informales y mal remunerados.

En contraste, la subocupación por insuficiencia de tiempo, que afecta a quienes trabajan menos horas de las que desearían, es menos habitual. Si bien existen personas que buscan ampliar su jornada laboral, el principal obstáculo para la mayoría radica en las condiciones salariales precarias, más que en la cantidad de horas trabajadas.

La subocupación por ingresos genera condiciones de vida precarias, limita el acceso a servicios básicos y condena hacia la desigualdad. Más del 63% de los hondureños con problemas laborales enfrentaron ingresos por debajo del salario mínimo; es decir, más de 1.2 millones de personas resultaron afectadas bajo esta modalidad. A su vez, la desocupación y la falta de empleos a tiempo completo dañan la autoestima, la salud mental y la estabilidad de los hogares.

El mercado laboral en Honduras se caracteriza por una alta informalidad y precariedad. Muchas personas trabajan durante jornadas extensas, pero debido a la naturaleza informal de sus empleos no tienen acceso a contratos laborales, beneficios sociales ni regulaciones que garanticen un salario justo.

La falta de empleos formales y bien remunerados obliga a millones de hondureños a aceptar trabajos que no cumplen con los estándares mínimos de ingresos, perpetuando la pobreza y la desigualdad.

Mientras que la población total de Honduras está compuesta mayoritariamente por mujeres, el panorama laboral mostró una realidad diferente, el ámbito de la ocupación fue superado por hombres.

Según los últimos datos oficiales registrados, la tasa de ocupación a nivel nacional alcanzó el 94.8%. Al desglosar por sexo, los hombres aparecieron con una tasa del 95.6%, mientras que las mujeres se quedaron con un 93.5%. Las disparidades no solo se limitan a esto, sino también a las edades de los trabajadores.

Al analizar los rangos de edad se observó que los jóvenes de entre 19 y 24 años enfrentaron una de las tasas de ocupación más bajas, con un 89.5%. Este dato pone de manifiesto los obstáculos que los jóvenes encuentran al ingresar al mercado laboral.

Dato

9,898,279 habitantes fue la población del país estimada a junio del año pasado, según el INE.

Por otro lado, los adultos mayores de 60 años y más registraron la tasa de ocupación más alta, alcanzando un notable 97.7%. Esta cifra sorprende, pues desafía las expectativas sobre la actividad laboral en la tercera edad y refleja la necesidad de empleo en sectores que requieren experiencia y conocimiento.

Los resultados arrojaron un panorama sobre cómo se distribuye la fuerza laboral en Honduras. Durante el 2024, el 23.0% de los trabajadores se empleaba en el comercio, seguido por un 21.7% en la agricultura, un 13.5% en la industria manufacturera y un 7.3% en la construcción. Estos cuatro sectores concentraron en conjunto el 65.5% de los empleos del país, destacándose como pilares fundamentales de la economía nacional.

La generación de empleos formales resulta insuficiente para la demanda existente.

El análisis va más allá de los números totales y mostró diferencias significativas en la participación laboral según sexo. En actividades como el comercio, el alojamiento y los servicios de comida, las mujeres predominaban, aportando dinamismo y liderazgo en sectores esenciales para la economía y la vida diaria. Por otro lado, los hombres dominaban en áreas como la construcción y la agricultura, sectores que tradicionalmente requieren mayor esfuerzo físico y que han sido históricamente asociados con ellos.

El comercio al por mayor y menor ha aglutinado una gran proporción de la fuerza laboral en Honduras, pero con un alto nivel de informalidad.

La agricultura es otro de los sectores más pujantes en la economía hondureña, especialmente en zonas rurales. La mayoría de los trabajadores son jornaleros, cuyos ingresos fluctúan según las temporadas agrícolas y la demanda (la informalidad y la baja mecanización dificultan el acceso a salarios dignos). Este sector está particularmente afectado por condiciones climáticas adversas, lo que reduce los ingresos.

Otras ramas de actividad como la industria manufacturera y construcción combinan empleos formales e informales. Por ejemplo, en maquilas suelen ofrecer salarios mínimos o inferiores debido a la alta competencia global y las prácticas de reducción de costos. En la construcción muchos trabajadores son contratados por día, sin beneficios ni regulaciones laborales.

Lea también: Honduras: salario mínimo en comercio y construcción en 2025

En actividades de alojamiento y de servicios de comida se depende en gran medida del turismo y las economías locales. Los empleados suelen recibir ingresos variables basados en propinas y pocas veces alcanzan el salario mínimo. La informalidad y los contratos temporales son comunes.

Para calcular el salario mínimo promedio aprobado para el año 2025 de un trabajador hondureño se tomó como referencia lo que devengan en los sectores de comercio y construcción, dos grandes áreas de contratación. Se consideró los datos provistos para diferentes categorías de empresas y el número de trabajadores en cada sector.

Salarios mínimos por categoría de empresa durante el 2025:

- Empresas con 1-10 empleados: 12,539.68 lempiras/mes

- Empresas con 11-50 empleados: 12,937.94 lempiras/mes

- Empresas con 51-150 empleados: 15,395.21 lempiras/mes

- Empresas con más de 151 empleados: 17,557.35 lempiras/mes

Aunque no se da una distribución exacta de trabajadores por tamaño de empresa, se asumió una distribución uniforme como referencia inicial para calcular un promedio ponderado. El salario promedio mensual se obtiene al ponderar los salarios por categoría con la distribución de trabajadores, asumiendo que los asalariados se distribuyen uniformemente entre las cuatro categorías (25% en cada una).

El salario mínimo promedio mensual de un trabajador asalariado en los sectores comercio y construcción en Honduras es de aproximadamente 14,607.55 lempiras. El promedio de los salarios mínimos mensuales se calculó sumando los valores de las cuatro categorías y dividiéndolos entre cuatro.

Estos sectores son los más representativos de la fuerza laboral hondureña, empleando a más de 570,000 personas en conjunto. Además, los salarios de estos sectores son similares. Este promedio refleja un salario que se encuentra dentro de los límites de los valores extremos (12,539.68 y 17,716.95 lempiras).

Una gran parte de la población económicamente activa se encuentra en el sector informal, lo que implica empleos sin protección social y salarios bajos.

El mercado laboral hondureño refleja diversas dinámicas que hablan tanto de las oportunidades como de los desafíos que enfrentan sus trabajadores. De acuerdo con los antecedentes, 59 de cada 100 ocupados desempeñaban sus actividades laborales bajo una relación de dependencia, trabajando para un patrono y recibiendo un salario a cambio. Este grupo que constituyó la mayoría representó la base del empleo formal en el país.

Una parte relevante de la población laboral, 31 de cada 100 hondureños optaba por el trabajo independiente, generando su empleo sin depender de un empleador. Estos trabajadores, que incluyen desde pequeños comerciantes hasta profesionales autónomos, son un motor crucial para la economía, pero también enfrentan retos como la falta de seguridad social y estabilidad financiera.

El restante 8% de los trabajadores cayó en una categoría distinta: contratistas dependientes o trabajadores no remunerados. Este grupo incluye a aprendices y trabajadores familiares que, aunque desempeñan labores, no perciben un pago directo. Su situación refleja una realidad compleja que pone de manifiesto la necesidad de fortalecer las políticas laborales, garantizar una mayor inclusión y protección para todos los sectores.

La ausencia de oportunidades hace más vulnerables a la migración irregular y a involucrarse en actividades ilícitas.

Los ingresos laborales reflejaron marcadas diferencias según la ubicación geográfica y el sector de empleo. El ingreso promedio mensual por trabajo a nivel nacional se estimó en 9,138 lempiras, pero esta cifra ocultó una brecha importante entre las áreas urbanas y rurales. Mientras que en las ciudades los trabajadores percibían en promedio 11,045 lempiras al mes, en el campo esta cifra descendió a 6,410 lempiras, evidenciando las desigualdades económicas entre ambos contextos.

El contraste también se hizo evidente al analizar los sectores público y privado. Aunque el sector público empleaba a menos personas en comparación con el privado, sus salarios promedio fueron considerablemente más altos. Los empleados públicos ganaban en promedio 17,381 lempiras al mes, casi el doble que los trabajadores del sector privado, cuyo ingreso promedio mensual fue de 9,008 lempiras.

Los datos confirmaron una realidad evidente: a mayor nivel educativo, más eran los ingresos percibidos, y las cifras hablan por sí solas. Una persona ocupada sin educación formal obtenía durante el año pasado, en promedio, 5,226.74 lempiras al mes. Con estudios básicos (de 1º a 3º grado) el ingreso promedio subía a 6,129.69 lempiras, pero es en la educación superior donde se observó el salto más grande, con ingresos promedio de 18,127.42 lempiras mensuales.

Esta tendencia no solo fue consistente, sino que se mantuvo a lo largo de las distintas categorías ocupacionales, subrayando la importancia de la educación como un motor para mejorar la calidad de vida y las oportunidades laborales.

Insuficiencia de ingresos

Gran parte de la fuerza laboral en Honduras operaba en el sector informal, donde los ingresos solían estar por debajo del salario mínimo, ya que no hay mecanismos efectivos para hacer cumplir las leyes laborales en este sector.

Relacionada: Canasta básica de Honduras inicia el año como una de las más caras de la región

Estas categorías reflejan un mercado laboral que, aunque en apariencia ofrece oportunidades de empleo, muchas veces no logra satisfacer las necesidades básicas de sus trabajadores. La subocupación no solo evidencia las limitaciones estructurales del mercado, sino también la urgente necesidad de políticas que fomenten empleos dignos y bien remunerados.

El desempleo continúa siendo desde hace décadas uno de los retos más evidentes. Durante el 2023 la tasa de desocupación se calculó en un 6.4%, marcando una leve mejora en comparación con el 8.7% registrado durante el 2022 y el 8.6% del 2021. Esta tendencia a la baja parecía consolidarse durante el 2024, con una tasa de desocupación proyectada de 5.2%.

Las cifras globales esconden desigualdades significativas. Desde un enfoque de género, las mujeres enfrentaron mayores niveles de desocupación en comparación con los hombres, un reflejo de las barreras estructurales que limitan su acceso al mercado laboral formal.

Otro dato llamativo es la relación entre el nivel educativo y la tasa de desocupación. En contraste con lo que podría esperarse, el desempleo tiende a ser mayor entre quienes cuentan con niveles educativos más altos. Esta paradoja se explica, en gran medida, por las limitaciones de una economía en desarrollo como la hondureña, donde la demanda de trabajos altamente calificados es insuficiente para absorber a los profesionales formados.

Aunque la educación eleva las habilidades y capacidades de la población, el mercado laboral hondureño no siempre está preparado para absorber a los graduados con empleos adecuados. Este desajuste entre las competencias adquiridas y las oportunidades disponibles refleja una brecha persistente en la economía del país.

La concentración de empleos en sectores informales o de baja especialización limita mucho las opciones para aquellos con niveles avanzados de educación. En lugar de encontrar oportunidades acordes a su formación, una buena parte de ellos se enfrenta a la frustrante realidad de la desocupación o la subocupación.

Las personas con niveles educativos medio y superior enfrentaron las mayores tasas de desocupación. En promedio, estas personas dedicaron 3.2 meses a la búsqueda de empleo, evidenciando las dificultades para acceder a oportunidades laborales acorde a sus calificaciones.

Esta desconexión entre la educación y el mercado laboral no solo afecta a los individuos, sino que también priva al país de aprovechar al máximo sus recursos más valiosos: su gente formada y preparada.

Los jóvenes de entre 15 y 29 años enfrentaron un panorama laboral especialmente adverso. Con una tasa de desocupación del 8.5%, este grupo etario registró los niveles más altos de desempleo, superando por mucho la tasa promedio a nivel nacional.

Los jóvenes, a pesar de su energía y potencial, enfrentaron barreras para acceder a empleos formales y estables. La falta de oportunidades adecuadas no solo frustró sus aspiraciones, sino que también limitó su capacidad para contribuir plenamente al desarrollo económico del país.

El desempleo juvenil no es solo un problema estadístico, sino una señal de alerta que exige medidas urgentes para conectar a las nuevas generaciones con el mundo laboral y garantizarles un futuro con mayores oportunidades.

Un notable 44.2% de la población económicamente activa total se encontraba fuera de la fuerza de trabajo, lo que equivalió a 3,115,694 personas. Esta franja está conformada por aquellos que no participan activamente en el mercado laboral, ya sea porque no buscan empleo, no están disponibles para trabajar o no están en condiciones de hacerlo.

Dentro de esta categoría se distinguen dos grupos principales: los inactivos y la fuerza de trabajo potencial. Los primeros sumaron 2,908,813 personas y son individuos en edad laboral que, por diversas razones no se incorporan al mercado de trabajo. Entre ellos se encuentran estudiantes, jubilados, personas dedicadas a labores del hogar, aquellos con incapacidades permanentes y personas con discapacidad, entre otros.

Por otro lado, la fuerza de trabajo potencial, compuesta entonces por 206,881 personas, incluye a aquellos que están disponibles para trabajar, pero no han buscado empleo activamente. Estas personas, aunque no forman parte de la fuerza laboral activa, desean incorporarse al mercado de trabajo y están listos para hacerlo si se presentan las condiciones adecuadas.

Según el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), la fuerza laboral creció moderadamente entre los años 2023 y 2024. Esta subida estuvo relacionada con el crecimiento de la población en edad de trabajar, en línea con las tendencias demográficas del país.

Una parte considerable de los trabajadores, según se expuso en el informe, enfrentó dificultades para integrarse plenamente al mercado formal, esto se debió en gran medida a la falta de capacitación, las barreras para acceder a empleos estables y la persistente informalidad laboral, factores que limitan el desarrollo económico sostenible.

Aunque la economía hondureña mantuvo una capacidad mayor para generar los puestos de trabajo que demanda la población, hubo migración hacia empleos informales o la inclusión a empleos precarios, entre otros, lo que no necesariamente implicó una mejora en la calidad del empleo y reflejó más bien el crecimiento de la subocupación, uno de los principales problemas del mercado laboral hondureño.

Ante el temor al desempleo o la necesidad urgente de sustento, muchos optaron por aceptar trabajos que no garantizan condiciones básicas ni dignidad laboral. La ausencia de seguridad jurídica, sumada a un entorno empresarial poco propicio, trazó un panorama desalentador para la llegada de grandes inversiones al país, frenando así la tan necesaria generación de empleo formal.

Esta realidad se reflejó con especial crudeza en el sector agropecuario, un pilar clave para el sustento de una parte significativa de la población. Allí los retos se acumularon: desde los embates del cambio climático hasta el incremento en los costos de insumos importados, todo agravado por la falta de modernización, que limitaron su capacidad de adaptarse a un entorno cada vez más competitivo.

Asimismo, existió una desconexión alta entre las competencias laborales que demandaba el mercado y la formación que ofrecían las instituciones educativas. Esto dejó a muchos jóvenes fuera de las oportunidades más competitivas.

Problema latente

El panorama laboral hondureño para el año 2025 dependerá en gran medida de las políticas públicas y las inversiones en sectores clave como la educación, la tecnología y la infraestructura.

Un reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reveló que en Honduras y Guatemala las tasas de informalidad laboral superaron el 80%, una cifra que los situó en el segundo y tercer lugar de la lista de los países con mayor empleo precario de Latinoamérica.

El Banco Central de Honduras (BCH), en su Programa Monetario 2024-2025, destacó que las tasas de crecimiento de las actividades económicas se recuperaron desde los mínimos alcanzados durante la pandemia; sin embargo, persisten barreras para mantener un crecimiento sostenible y equitativo.

Otro informe de carácter gubernamental, denominado “Condiciones económicas de Honduras: 2024-2025”, indicó que el crecimiento de la economía del país vino de una tasa de 4.1% durante el 2022 a 3.6% al cierre de 2023.

La Encuesta de Expectativas de Analistas Macroeconómicos (Eeam) del mes de octubre de 2024, estableció una proyección de crecimiento del PIB de 3.5% durante el 2024 y del 3.6% para el 2025. Estas expectativas están alineadas con las políticas macroeconómicas implementadas y la evolución esperada de las remesas familiares, según Revisión del Programa Monetario 2024-2025.

Una de las consecuencias más preocupantes de estas condiciones es la progresión negativa del desempleo, que llegó a representar un 10% de la población económicamente activa durante el 2023 y se prevé aumente a 12% durante el 2025, con una ampliación aparejada del subempleo y, concomitantemente, la incitación a optar por la migración hacia el exterior.

El mismo informe subrayó que, a pesar de ciertos avances, la tasa de desempleo abierto mostró una tendencia al alza durante los últimos años, alcanzando el 11.9% durante el 2024. Este panorama desnudó la necesidad de implementar políticas efectivas que promuevan la creación de empleos formales y de calidad.

$!Millones de hondureños trabajan más de 8 horas diarias y ganan menos de salario mínimo
“Hay desempleo, bajos sueldos, poca inversión y muchos otros males que ya conocemos”: Carlos Urbizo, empresario sampedrano

Carlos Urbizo, empresario y político, calificó el sistema económico de Honduras como “colapsado”, y aseguró que el país no logrará generar más empleo del que ya ha creado. Además, advirtió que no se espera un aumento en la inversión ni la resolución de los problemas estructurales que ya afectan al país.

Durante sus declaraciones cuestionó la capacidad del actual Gobierno para generar empleos suficientes, señalando que “no ha sucedido nada extraordinario en Honduras que nos haga pensar que algo cambiará durante este nuevo año”.

Urbizo enfatizó con firmeza que el 2025 será “simplemente” una continuación del año anterior, con una inversión raquítica y los problemas base del país permanecerán intactos.

Según Urbizo, Honduras atraviesa una grave falta de condiciones fundamentales para su desarrollo, tales como igualdad, oportunidad, libertad, justicia, seguridad y confianza. Para él, estas son las piezas clave que aún están ausentes. “Cuando logremos garantizar estos elementos esenciales, la inversión extranjera llegará por sí sola, sin necesidad de que la invoquemos”, afirmó con convicción.

Señaló que el subempleo es una realidad palpable en Honduras debido a la gran cantidad de personas que, tras finalizar la secundaria o la universidad, no encuentran empleos acordes con su nivel de preparación. Ante esta falta de oportunidades muchos se ven obligados a aceptar trabajos que no aprovechan sus talentos ni habilidades, como ser choferes de taxi tipo uber o empleados en call center.

Esta situación muestra la separación entre la formación académica y las oportunidades laborales disponibles en el país. Entre las propuestas del empresario sampedrano se incluyeron la implementación de una ley electoral y democrática que garantice el respeto a los derechos civiles y políticos. Abogó también por una reestructuración integral del Banco Central de Honduras, con el fin de establecer una política monetaria que respalde la economía nacional.

Además propuso la creación de una nueva ley tributaria, ajustada a la realidad financiera y económica del país, que incentive el cumplimiento voluntario de los impuestos, generando confianza tanto en los ciudadanos como en los inversionistas.

$!Millones de hondureños trabajan más de 8 horas diarias y ganan menos de salario mínimo
“Honduras tiene una economía que, pese a todos los retos y obstáculos, está en movimiento”: Rafael Delgado, académico y economista

Rafael Delgado, economista en el valle de Sula, expresó que la economía del país no se mantendrá estática. “Esto habla muy bien, en primer lugar, de su gente, que demuestra día a día su voluntad de salir adelante”, afirmó, al tiempo que lamentó que las condiciones macro-económicas, las políticas económicas y el contexto internacional estén en contra de esa actitud positiva de los ciudadanos.

Delgado anticipó que el año 2025 será particularmente difícil, ya que, al ser electoral, las prioridades del Gobierno y de los círculos de poder se desplazarán hacia las estrategias políticas, dejando de lado los problemas económicos urgentes. También alertó sobre las políticas externas de Estados Unidos, que podrían complicar la situación al imponer barreras comerciales y aumentar las deportaciones de hondureños que buscan trabajo en ese país.

Pese a los esfuerzos que se pretenden hacer durante el 2025, en términos generales, las perspectivas económicas no son tan alentadoras. No se anticipan grandes inversiones nacionales ni extranjeras que puedan generar un enorme impacto en la creación de empleo o en el aumento de los ingresos. Aunque habrá algunas inversiones nuevas, estas serán opacadas por el cierre de empresas y pequeños emprendimientos, lo que provocará un efecto neto cercano a cero en la generación de empleo.

Bajo este contexto de fragilidad, Delgado explicó que “el subempleo, tanto visible como invisible serán las formas en las que miles de hondureños se incorporarán al mercado laboral. Aunque muchos aspiran a un empleo a tiempo completo con un salario digno, lo que realmente encontrarán serán trabajos a medio tiempo con remuneraciones muy bajas. Detrás de esta situación miraremos a un gobierno con un presupuesto desenfocado y motivado por intereses electoralistas, gastando e invirtiendo, mientras alardea de estar generando empleo”.

$!Millones de hondureños trabajan más de 8 horas diarias y ganan menos de salario mínimo
“Hay que desarrollar más oferta académica a nivel de técnicos y carreras cortas, pero más especializadas”: Juan Jacobo Paredes, exdirector universitario

Juan Jaboco Paredes, doctor y docente en el campus Unah Cortés, reflexionó sobre los grandes cambios que estamos viviendo, especialmente en el ámbito de la tecnología y la inteligencia artificial.

“Estamos viendo un cambio profundo que nos afecta a todos, particularmente la inteligencia artificial, que está contribuyendo al aumento del desempleo”, comentó. A medida que la tecnología avanza, los sectores tradicionales deben adaptarse rápidamente, ya que la IA ha comenzado a superar muchos de los procesos que antes realizábamos manualmente.

“Hoy en día es posible diseñar una casa usando inteligencia artificial o incluso contar con chatbots que brindan atención al cliente en tiempo real. Eso limita el campo laboral en algunas áreas, pero a la vez abre nuevas oportunidades en otros sectores”, aseguró el exdirector universitario, quien observa estos cambios con una mezcla de cautela y optimismo.

Se mostró crítico con la lentitud de la academia frente a estos avances. “La educación no se ha adaptado lo suficientemente rápido a estos cambios. Los nuevos graduados ahora deben buscar capacitación adicional, diplomados y cursos especializados para mantenerse actualizados”, afirmó. Además, durante su análisis destacó que las generaciones más jóvenes, como los niños alfa y beta, ya han nacido en un mundo donde la inteligencia artificial es parte de su cotidianidad.

Para el investigador académico, la educación y el Gobierno deben avanzar con rapidez. “El Gobierno debe actualizar el currículo educativo para estar a la vanguardia, y la empresa privada debe adaptarse a esta nueva realidad para poder competir. Si no lo hacen, los costos laborales aumentarán y la única forma de reducirlos será mediante el uso de la IA para abaratar esos costos”, agregó.

En su opinión, muchas de las profesiones que antes requerían un conocimiento básico ahora exigen una especialización mucho más alta. “Un mecánico de autos ya no basta con serlo, ahora debe tener una formación avanzada para poder entender y trabajar con la tecnología más moderna”, comentó.

Dijo que, junto a un grupo de estudiantes de posgrado, se encuentra investigando la situación económica del Triángulo Norte de Centroamérica durante los últimos 35 años, incluyendo algunos datos de Costa Rica. “La inflación ha sido similar a lo largo de los años a pesar de los cambios en las políticas y sigue marcando la economía de todos los países. Cuando esta se combina con el empleo, las cosas se complican, los salarios aumentan y los empresarios les resulta más difícil cubrir esos costos”, explicó.

Por todo esto, el docente apuesta por el desarrollo de carreras más cortas y especializadas, con el fin de preparar a los jóvenes para los nuevos desafíos del mercado laboral. En este contexto es crucial formar una mano de obra especializada para afrontar los cambios y la educación deberá ser el motor que impulse esa transformación.

Te gustó este artículo, compártelo
Ariel Trigueros
Ariel Trigueros
jerson.trigueros@laprensa.hn

Reportero multimedia e investigador en LA PRENSA. Más de 10 años en medios. Licenciado en Periodismo (UNAH), máster en Comunicación (UEA) y docente universitario.