24/11/2025
08:42 AM

Libertad sin miedo

Erich Frömm escribió un famoso libro, 'El miedo a la libertad' y que leí con fruición cuando estudiaba Filosofía en mis años mozos. Yo, honestamente, no sé si hoy se puede hablar de miedo a la libertad en los países europeos, en EUA y en un buen puñado de países hispanoamericanos, al menos en la clase pudiente que ha marcado un estilo de vida de primer mundo.

    Erich Frömm escribió un famoso libro, 'El miedo a la libertad' y que leí con fruición cuando estudiaba Filosofía en mis años mozos. Yo, honestamente, no sé si hoy se puede hablar de miedo a la libertad en los países europeos, en EUA y en un buen puñado de países hispanoamericanos, al menos en la clase pudiente que ha marcado un estilo de vida de primer mundo.

    La libertad, cierto, ha venido de la mano con la democracia. En Europa ésta ha permitido grandes conquistas, tanto que, y éste es el móvil que me trae hoy aquí, estamos ante un paradigma.

    En España hoy día decir democracia es decir tener unos derechos por encima de cualquier cosa. Vivo en democracia, por tanto soy libre, luego puedo hacer lo que quiero porque tengo unos derechos. Éste es el punto. Esta mentalidad posmoderna es engañosa y se está filtrando en la conciencia de los pueblos, por ahora en los desarrollados y en menor medida en los que van industrializándose.

    En mi opinión esta postura es crítica, porque pasa de lo general a lo particular, es decir, a lo subjetivo, al libre albedrío. El modelo para las civitas, el mejor de los sistemas conocidos desde Platón en su tratado acerca de la República, es la democracia. Ya conocemos que en democracia podemos actuar sin prejuicios y con libertad total. El individuo se dice a sí mismo porque soy libre puedo determinar a entera voluntad mi destino. Ya no le importan los valores o verdades absolutas, ni los dogmas ni las normas morales ni espirituales, y si hay leyes que le afecten busca la forma de hacerlas a la medida para dar culto a la libertad.

    Los absolutos no existen, sino los relativos y éstos importan más que los dogmas o normas éticas. Hoy Erich Frömm hablaría de 'libertad sin miedos'. Si forzamos más la cuestión diríamos: libertad soy yo y mis derechos. Como soy libre puedo autodeterminarme. Como no me interesa este embarazo, al trasto; como este enfermo es un estorbo, le asistimos para que muera, total, menos gastos públicos; como esos pozos de petróleo los quiero, ¡venga! un millón de muertos en Irak. Si nuestros países hispanoamericanos maduran en la democracia vayamos preparándonos porque veremos cosas insospechadas.

    Concluyo que a mayor democracia, mayor libertad y, en consecuencia, mayor sublevación de la voluntad de los individuos.