15/04/2026
07:30 PM

El ocaso del tirano

Fidel Castro, el dictador más antiguo del planeta con 49 años en el poder sustentados en la represión y el totalitarismo, fue inducido a renunciar del Consejo de Estado de Cuba, y se convirtió en un ciudadano común, con el agravante de una penosa enfermedad y un ostensible deterioro que hacen prever su cercano final biológico.

    Fidel Castro, el dictador más antiguo del planeta con 49 años en el poder sustentados en la represión y el totalitarismo, fue inducido a renunciar del Consejo de Estado de Cuba, y se convirtió en un ciudadano común, con el agravante de una penosa enfermedad y un ostensible deterioro que hacen prever su cercano final biológico.

    Castro llegó al poder en la hermosa isla tropical el 1 de enero de 1959, con el ascenso de 'los barbudos', un puñado de rebeldes que recibieron notable ayuda internacional, particularmente de Estados Unidos, y que fueron presentados ante la opinión pública mundial como un grupo de demócratas y visionarios, empeñado en poner fin al corrupto régimen de Fulgencio Batista, un sargento taquígrafo especializado en la corrupción y el turismo sexual.

    Herbert Matthews, un periodista de notable prestigio en The New York Times, fabricó una imagen encantadora de los guerrilleros, particularmente de Castro, y sostuvo que no eran, en absoluto, comunistas.

    El comandante de aquella facción, llamada Movimiento 26 de Julio, utilizaba una medalla de la Virgen de la Caridad del Cobre en el cuello, alegaba ser católico y proclamaba un firme rechazo del materialismo soviético.

    Cuando la revolución se instaló en el poder, Castro echó a la basura la imagen de la Virgen, organizó atentados criminales contra los comandantes no marxistas del proceso, especialmente contra Camilo Cienfuegos, a quien se le colocó una bomba en el avión en que volaba, encarceló por períodos increíblemente largos a sus más cercanos compañeros, entre ellos Huber Matos y Eloy Gutiérrez Menoyo, y anunció que 'siempre había sido marxista-leninista'.

    Todo lo demás es historia conocida. Vino el matrimonio con la Unión Soviética. Se lanzaron aventuras militares contra Venezuela y otros países, incluida Angola en África,

    y por algunos tiempos hubo un febril entusiasmo en pro de la exportación revolucionaria. Fue la época de oro de Ernesto 'Che' Guevara, el guerrillero argentino que finalmente murió a manos de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, en Bolivia, tras haber sido denunciado a los norteamericanos por la policía política del régimen castrista, creada por el temible comandante 'Barbarroja' Piñeiro, jefe del terror oficial.

    Al igual que Stalin, Fidel eliminó físicamente a los dirigentes que podían hacerle sombra o, eventualmente, desafiar su poder absoluto. Y una vez que esta parte del control absoluto del poder se cumplió, vino el trabajo de apoyo a la Urss en procura de la expansión del totalitarismo.

    La crisis de los cohetes mostró pronto a Castro que Moscú no se jugaría sus intereses estratégicos por apoyar al satélite. El costo de la Guerra Fría fue erosionando la economía soviética y llegó un momento en que la generosa ayuda que se proveía a la isla fue suspendida. Allí la situación de pobreza, que era evidente, se agudizó, y la hecatombe llegó cuando la Urss se desmoronó en 1979. El paraíso proclamado se hizo añicos y hoy por hoy apenas se sostiene con la asistencia de Hugo Chávez y su régimen 'bolivariano'.

    Castro está muy enfermo y podría pasar a mejor vida en cualquier momento. Su hermano y sucesor ha dicho que quiere hablar con el gobierno de EUA y que está dispuesto a hacer reformas, aunque no ha explicado a qué nivel de profundidad.

    No cabe duda de que ha surgido una oportunidad extraordinaria para la paz, un cambio viene también en Washington. Y si el próximo presidente norteamericano adopta medidas inteligentes, el pueblo cubano puede acceder a la libertad y la dignidad humana. Es nuestra esperanza que así sea, por el bien de todos.