30/09/2022
01:18 AM

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Zozobra por lluvias

    La sabiduría popular ha acuñado la frase “como agua de mayo” para indicar que algo se espera con gran ilusión, con auténticos buenos deseos. Y esto porque, tradicionalmente, mucho antes que se inventaran y se generalizaran los sistemas de riego, de la lluvia dependía la mayor parte de la producción agrícola y, por lo mismo, la sobrevivencia de la comunidad humana. Se habla también de “lluvia de bendiciones”, de lluvia fecunda, etc, para indicar que el agua que cae del cielo es portadora de bienestar, de cosas buenas.

    Sin embargo, en nuestro país, aunque, efectivamente, el agua de mayo se continúa esperando con ilusión, también se espera con cierto temor. Además, luego de mayo viene junio, que es el mes en el que oficialmente comienza la temporada de huracanes.

    Las lluvias que cayeron, sobre todo en la capital, en las últimas semanas, para algunas familias, más que una bendición han resultado ser una suerte de maldición: calles anegadas, casas inundadas, pérdidas de bienes materiales y, lo peor, de valiosas vidas humanas. En otros casos, familias enteras han tenido que abandonar sus hogares, debido a que deben realizarse trabajos de mitigación o reparación en sus vecindarios, por lo que están en calidad de damnificados y reubicados temporalmente donde familiares, amigos u otros lugares facilitados por la autoridad municipal o central. En otras zonas del país también se han reportado daños, pérdidas y comunidades aisladas debido a la destrucción de las vías de comunicación. De manera que, cada vez que comienza a llover, para muchos, el sonido de la lluvia, más que un buen augurio es motivo de preocupación y nerviosismo.

    La realidad es que la lluvia ha sido y será portadora de bendiciones para los hondureños y para el mundo entero. El problema es que ese fenómeno natural se encuentra muchas veces con la conducta y con las obras de unos seres humanos poco precavidos, irresponsables, con pésimos hábitos higiénicos y con construcciones que han invadido los cauces naturales de las corrientes de agua, deficientemente planificadas o hechas a la ligera.

    Lo decía recientemente el alcalde de Tegucigalpa: alrededor del 80% de los problemas que se dieron en esa ciudad, hace un par de semanas, se debió a tragantes obstruidos por la basura, a causa de la inveterada costumbre de tirar a la calle todo tipo de desechos, incluidos desechos de construcción, cuyo retiro exige un trabajo titánico que podría evitarse. De modo que la maldición la provocamos nosotros mismos, con nuestra incuria, con nuestra indolencia. Y esto recién comienza. Debemos actuar diligentemente, inteligentemente, antes que llegue la temporada lluviosa del segundo semestre del año.