03/12/2022
10:54 AM

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Tragedia

    “Sangre, sudor y lágrimas” es la expresión clásica para describir el éxodo de un caudillo español y que muy bien, en un nivel mucho mayor, podemos aplicar a miles y miles de emigrantes que en ruta hacia el norte inician desde el punto mismo de su salida un riesgo cada vez más agresivo a medida que avanzan por los países vecinos. La silenciosa, pero cruel extorsión y la violación del más elemental derecho humano, la vida, tiñen el largo trayecto presentado como esperanza.

    Las políticas migratorias muestran su gran fallo que es presentado con cada desgracia colectiva como la de esta semana, como oportunidad para enfrentar el tráfico de personas. La gran tragedia de San Antonio, una de las mayores en décadas, vuelve a presentar el dedo acusador de un lado y otro, pero sin soluciones desde su origen para desalentar la salida masiva de nuestro país y de otros lugares como queda en evidencia la llegada a nuestras fronteras de ciudadanos de países del sur e incluso del Caribe o África.

    “Absolutamente horroroso y que rompe el corazón”, reacciona el portavoz de la Casa Blanca. “Tremenda desgracia”, escuchamos en los niveles oficiales de México. Declaraciones sobre el paso, pero el futuro inmediato no aparece en iniciativas y muchos menos a más largo plazo para que las oportunidades de trabajo y calidad de vida fuese el gran atractivo para no dejar el suelo patrio.

    Como se ha repetido hasta la saciedad hay una responsabilidad compartida y en la medida en que la prosperidad y oportunidades sean prioridades en los planes de gobierno no habrá necesidad de emprender el largo, peligroso y trágico camino. Siempre ha habido desplazamientos masivos de personas, casi siempre en nombre de la supervivencia, pero en los últimos años han entrado mafias en el tráfico de personas, en grupo o individualmente, para llegar a la Unión Americana.

    A los lamentos se ha unido el anuncio de la creación de un Grupo de Acción Inmediata para perseguir las redes de traficantes, pero la credibilidad y confianza en la promesa es mínima, pues como en otros asuntos es afuera donde se ejerce la presión y la represión y no en territorio norteamericano que es donde se genera el núcleo y la organización, con ramificaciones eficientes, de los traficantes de personas. “Tenemos que ir más allá de las promesas. Debe haber una muestra de acción clara. No queda claro cómo colaboran los países entre ellos”. Es evidente que ni en el campo de la seguridad ni en la acción policial hay acercamiento, coordinación y compromiso firme para enfrentar el tráfico, pues el poder de esos grupos mafiosos sobrepasa con creces por su infiltración, la acción de los gobiernos.