24/01/2023
09:15 PM

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Trabajo honrado

    De un tiempo para acá la ciudadanía es informada con frecuencia sobre el origen oscuro de capitales mal habidos, de los nexos entre personas que se consideraban honorables con individuos dedicados a realizar negocios turbios, incluyendo el crimen organizado o el narcotráfico. Entonces, ha resultado evidente que más ha podido la ambición desmedida por el bienestar material que aquellos principios que, muy probablemente, fueron inculcados en los hogares y que han sido deliberadamente olvidados. La acumulación de riquezas, que nada tiene de malo y es, más bien, legítimo y deseable, suele tomar tiempo, esfuerzo, sacrificio, mucho trabajo. Hay personas que han tenido una especie de golpe de suerte y en relativamente poco tiempo han llegado a amasar una fortuna considerable. Pero, lo normal, lo ordinario, es que haya habido un hombre o una mujer que ha intuido una oportunidad de negocio, le ha dado forma, ha tomado riesgos y ha triunfado. Y, para ser realistas, también ha habido quien ha seguido los primeros pasos señalados y ha terminado fracasando estrepitosamente; y no ha recuperado ni siquiera la inversión. La pandemia, para el caso, dejó más de una historia de éxito, a pesar de todos los pesares, pero también de grandes deudas y de sueños hechos añicos de familias enteras. Desafortunadamente, hay hombres y mujeres que han tomado atajos, que han cedido a la tentación del dinero fácil y han optado por dedicarse a actividades ilícitas que atentan en contra de la salud pública, como en el caso del tráfico de drogas, o que arrebatan el fruto del trabajo honrado a aquellos que lo realizan, por medio de la extorsión.
    La honradez, como valor que debe presidir la conducta humana, conduce al ciudadano a tomar rutas muchas veces arduas, pero cuyo destino, cuyo punto de llegada, no hace daño a nadie sino todo lo contrario. Los frutos del trabajo honrado no solo benefician a la persona que lo desarrolla, sino que permea a la sociedad entera y se derrama sobre ella. Y no solo se trata de la obtención de bienestar material sino del beneficio de la ejemplaridad. Un hombre trabajador y honrado no solo obtiene el legítimo fruto de su trabajo, sino que se erige en modelo para que otros imiten su conducta y sigan sus pasos.

    Los que optan por comportamientos reprobables, muchas veces terminan por ser puestos en evidencia y padecer vergüenza pública. Y con ello se llevan por delante a la propia familia y otras personas del entorno.

    El fortalecimiento del músculo ético de nuestra sociedad es un asunto de extrema urgencia. La valoración del trabajo honrado es algo que debe retomarse desde las aulas, y, por supuesto desde todos los hogares.