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Tabla de salvación

  • Actualizado: 06 junio 2023 /

    El náufrago mira sobre las olas con la esperanza de hallar algo a lo que aferrarse porque sus fuerzas no aguantarán mucho. La expresión “tabla de salvación” es el reconocimiento a la esperanza, a la necesidad de un pronto rescate para no quedar en el fondo del mar. Una y otra vez el discurso público de ayer y hoy se ha llenado de promesas e, incluso, con declaratoria del nivel de gravedad que para nada ha servido, pues la carencia e irregularidad de lluvia consumen esfuerzos y fuerzas de miles de familias campesinas en el corredor seco.

    Hasta aquí lo mismo o parecido por décadas con la mirada puesta en el horizonte a la espera de que lleguen nubes, presagio de bendición, porque la acción desde el Gobierno queda en lo mismo con más graves secuelas cada año de pobreza y desplazamientos interno y externo en búsqueda de salir de la extrema supervivencia.

    ¿Alguna tabla de “salvación entre las olas”? ¡Las remesas! Miles de familias afectadas por la sequía con apenas un tiempo de comida al día y nada de balanceado, ni fuente de vitaminas sino un engaño necesario para mantenerse en pie. Llega la ayuda desde Estados Unidos, país con mayor número de hondureños legales e indocumentados, España donde cada día aumenta exponencialmente el ingreso de los emigrantes sin dificultad para expresarse, con facilidades de hallar trabajo y desarrollar una convivencia armónica. Y eso que los españoles son como son...

    Desde Madrid, un hondureño de Choluteca explica que cada quince días envía a su madre, hermana y abuela para que “compren medicinas y alimentos como maíz y frijoles”. Esperanza de náufragos que sobreviven con la ayuda del familiar que tuvo que salir, aunque siempre “está adentro”, porque en Honduras no hay trabajo, la violencia es un gran peligro y la ruta no acaba de enfilar hacia algo mejor que la supervivencia.

    El año pasado los emigrantes hondureños enviaron al país cerca de 9,000 millones de dólares. La mayoría de los Estados Unidos, pero una cantidad importante y en aumento desde España.

    ¿Qué reciben a cambio estos paisanos del servicio diplomático y consular en los países donde viven?

    Desgraciadamente, el personal, algunos de ellos becados, parientes de sus parientes y amigos, ni siquiera, como ocurre en el ámbito de la función pública, cumplen su misión ni respetan los derechos de los ciudadanos.

    Muchos migrantes en estos dos países no han sido enrolados, siguen en posesión del documento de identidad “sin vigencia”, aunque para tapar el ojo al macho se va renovando, pero no aparecen en el futuro cercano visos de solución ni siquiera con la máquina “milagrosa” adquirida. ¿Llegará el milagro también para los que viven afuera y sostienen a los de adentro?