Las cifras son más que elocuentes: desde el 2009 hasta la actualidad, han sido deforestadas más de un millón de hectáreas de bosque, de acuerdo a datos divulgados por el Instituto de Conservación Forestal, incluyendo las zonas núcleo de reservas forestales en Olancho, Colón, Gracias a Dios, departamentos que han perdido más de 500,000 hectáreas durante esos años, siendo apropiadas ilícitamente por ganaderos y narcotraficantes, en clara violencia de la legislación ambiental que prohíbe tales actividades depredadoras, que deben ser detenidas y sancionadas.
Si la intransigencia prevalece entre los invasores de las áreas protegidas y no deponen actitudes desafiantes, los enfrentamientos serán inevitables, con resultados trágicos.
Otros factores que igualmente impactan en la acelerada pérdida de nuestras forestas están los descombros e incendios forestales, plagas y enfermedades, erosión y sedimentación, uso de leña como combustible con fines domésticos, pastoreo excesivo, uso inadecuado de la potencialidad de los suelos, presión demográfica sobre la tierra, sobrecapacidad industrial de aserrío, falta de supervisión y de control por parte de las instituciones responsables de la preservación de los bosques, carencia de incentivos para su protección y conservación, lo que se traduce en la indiferencia colectiva hacia los ecocidios.
A nivel nacional, los bosques más deforestados son los de conífera, latifoliado y manglar, con múltiples consecuencias, directas e indirectas: pérdida y contaminación de fuentes de agua, erosión de suelos, contaminación ambiental, disminución en la calidad de vida, incremento en los niveles de pobreza rural, alteración del ciclo hidrológico, con sequías en la época seca e inundaciones en la lluviosa, perdida de salubridad en las personas, disminución y extinción de la fauna y flora, degradación de los ecosistemas , impactando en el rubro agropecuario y en la infraestructura productiva, reflejado en la variabilidad climática.
La protección del ambiente, la protección de los recursos naturales, la Honduras verde, cada vez están más lejos de ser alcanzadas.
Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados, caso contrario todos, gobierno y sociedad, estamos obligados a tomar acciones contundentes para frenar la destrucción de nuestros recursos naturales.
Caso contrario, el legado que recibirán las siguientes generaciones será la de un país semi o desértico que deberá importar cada vez mayores cantidades de alimentos para sobrevivir, con mayor número de enfermedades respiratorias, oculares, dérmicas.