No son necesarias explicaciones complementarias ni puntuales desarrollos de seminario o campañas de ablandamiento para comprender que en la unidad está la fuerza. El secretario de Desarrollo Económico ha echado mano de esta experiencia de siglos para resaltar la labor del Gobierno que requiere “remar del mismo lado”. Y ahí es donde se halla el misterio, la misma dirección, pues todavía la niebla cubre el rumbo con alto nivel de inseguridad y desconfianza.

La incertidumbre actúa como freno al intentar aterrizar, al querer crear y presentar iniciativas para resolver los múltiples conflictos, muchos de ellos tan reales que llegan a la vida diaria de la mayoría de los hondureños, pero otros con la marca visible de distracción, de modo que el letargo de su solución mantiene la polémica en los círculos sociales, políticos y económicos que debieran enfocarse en el mismo rumbo, el desarrollo del país como ruta para el descenso de la pobreza.

Es necesaria la inversión, tan urgente como la supervivencia de miles de familias y la esperanza de los más jóvenes listos para ingresar en el mundo laboral. De lo contrario el deterioro irá en aumento evidenciado en el éxodo hacia el norte o en la ola interna de violencia que tanto dolor y luto está causando sin que aparezca luz, aunque sea débil, en el horizonte.

La creación de oportunidades de trabajo debiera estar en la primera hoja de ruta, pero labor productiva no burocracia partidista que va copando cargos y consumiendo recursos del presupuesto necesarios para educación, salud y seguridad. Mientras no haya un real y verdadero cambio seguiremos en lo mismo con abundante retórica, demagogia y globos sonda. El ejemplo más claro en el campo político está el doblado y repique del titular de Transparencia y en obras para proteger a la población, salvar los cultivos y evitar las inundaciones que van para largo con el preámbulo de estudios, diseños, cálculos y, al final, préstamos.

No parece que los remeros de la barca en pleno temporal remen al ritmo y en la misma dirección, pues la urgencia de miles de familias es sometida al manoseado principio de las “cosas de palacio van despacio” e incluso con una lentitud que muestra interés de olvido o muy poca voluntad de realizar proyectos con décadas dormidos y por los planes anunciados requerirán cinco o diez años más si no eternizan la decisión final.

Más que remar del mismo lado es necesario hacerlo al mismo ritmo que debe marcar la capacidad y el compromiso de quienes llevan el timón para enfilar clara ruta en la que las aguas profundas de las inmensas deficiencias no asfixien las necesidades inmediatas entre las que sobresale la necesidad de crear empleo mediante la inversión productiva.