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Prueba de fuego

  • 18 enero 2023 /

    La independencia de poderes, esencial para que exista una verdadera democracia, continúa siendo una aspiración en muchos de los países latinoamericanos, Honduras incluida, por supuesto. Una vez que un partido político alcanza el Poder Ejecutivo, busca, de una y mil maneras, hacerse de al menos una cuota decisoria en los otros dos. De modo que el Legislativo no llega a cumplir su rol de contrapeso, como debería ser, sino que se convierte en una especie de longa manus del Ejecutivo, y termina por dejar de ser representativo de la voluntad de la población para serlo de una sola corriente política.

    Las fuerzas políticas tradicionales buscan también ejercer su influencia en la impartición de la justicia, de manera que las decisiones que se toman en los diferentes niveles de su administración correspondan a sus intereses o den apariencia de legalidad a sus acciones, o, incluso, terminan por ser instrumentalizados para vengar supuestos agravios o beneficiar a personas o grupos que medran alrededor del poder.

    La democracia hondureña está a las puertas de ser sometida a una nueva prueba de fuego. La que se vivió durante la elección de la directiva del Poder Legislativo arrojó, y continúa arrojando, dudas en algún sector de la población, por lo que la ciudadanía espera que en la elección de la nueva Corte Suprema de Justicia no suceda lo mismo.

    Lo que debería suceder, y para eso ha trabajado muchas horas la Junta Nominadora, es que se respete el listado que ella envíe, que todo se maneje con absoluta transparencia, no haya sorpresas desagradables, y que, al final, se elijan como magistrados a los abogados con mayores méritos, independientemente de su filiación política.

    Parece una aspiración irrealizable, si se toman en cuenta los antecedentes que, históricamente, han marcado este tipo de elecciones: sombrerazos, amenazas, arreglos bajo la mesa, etc. Pero debemos llegar a un punto de inflexión, a dar paso a un proceso de adecentamiento, de deponer los intereses de personas y de grupos, y de pensar en el futuro de nuestra gente.

    Si en esta elección no hay un cambio de conducta de parte de los personajes siniestros que han protagonizado la escena política nacional en los últimos años; unos de cara al público, otros tras bambalinas, crecerá el escepticismo, la frustración, y se desvanecerá la esperanza para esta sufrida patria.

    Por eso no hay que desaprovechar la oportunidad de devolver la confianza, sobre todo a las nuevas generaciones, que casi consideran como única opción emigrar a otras tierras en las que haya respeto a la ley y mayores posibilidades de vivir con dignidad.