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Programa modelo

  • Actualizado: 22 agosto 2015 /

Más de 100 reos participan en el programa educativo.

    San Pedro Sula, Honduras

    Un grano no hace el granero, pero ayuda a su compañero, enseña la sabiduría popular para resaltar esas pequeñas cosas y acciones que contribuyen a alcanzar objetivos y a conquistar metas para el mejoramiento de la calidad de vida individual y familiar. En la ciudad puerto, cuyas instalaciones son orgullo del país, el querer es poder se ha evidenciado en el esfuerzo, tesón y optimismo de un grupo de presos, cuya rehabilitación está más cercana para integrarse provechosamente a la sociedad.

    Más de 100 reos participan en el programa educativo que bajo el auspicio de la Municipalidad y organizaciones no gubernamentales se desarrolla en el centro de reclusión, cuya estructura física obsoleta y el hacinamiento de la población, no son obstáculos para aprender a leer, escribir, cursar grados de primaria e, incluso, culminar la secundaria con título de bachiller.

    “Hemos decidido cambiar las armas y la violencia por libros para lograr un título universitario. Con ello estamos seguros de que estamos alcanzando la verdadera reinserción en la sociedad. Utilizamos programas de Alfacic, Educatodos e Iher para que todo interno pueda optar a cualquier grado de educación”, explica Diego Zúniga, interno y coordinador del programa.

    Loable la iniciativa, pero más admirable la persistencia de los alumnos en participar diariamente en las clases de dos horas y media de duración, en un ambiente reducido, pero que ha sido adaptado para que la tarea de docencia y aprendizaje sea efectiva, que se completa además con la interacción de los reos para mutuas explicaciones y ayuda en las tareas.

    Mucho se habla de rehabilitación; frecuentemente es tema de reuniones en hoteles, pero las acciones suelen quedar en documentos, pronunciamientos o denuncias que languidecen a las horas de haber sido elaborados. Las iniciativas y los proyectos de adiestramiento y capacitación son gotas en un océano revuelto, pues la superpoblación carcelaria en todo el país es el mayor obstáculo para proporcionar esperanza a quienes algún día volverán a la calle, a su barrio y a su familia.

    “Es una gran satisfacción, ya que hace cinco años iniciamos con un pequeño grupo de internos de primero a sexto grado. Luego el resto se animó y se pasó al Plan Básico y luego el Bachillerato”, señala Jessi Cecilia Estrada Ramos, jueza de Ejecución. La rehabilitación de los presos tiene cita con el éxito en el penal de Puerto Cortés, donde el programa educativo es modelo en rehabilitación para la inserción en la sociedad.