No terminamos de dejar atrás el covid cuando aparece en el panorama mundial la posibilidad de otra pandemia, aunque la Organización Mundial de la Salud hace años identificó el origen del virus Nipah que ha hecho saltar las alarmas en la comunidad mundial por su potencial para originar una pandemia. Son años de conocida su existencia y, sobre todo, no se ha ocultado, como en el caso del covid, su peligrosidad, particularmente en aquellas regiones o países con deteriorados o débiles sistemas de salud.
Entre estos se halla nuestro país con afectaciones crónicas puntuales como el dengue, cuya secuela se multiplica con pacientes en los hospitales y con víctimas mortales. Y eso que cada año es una indeseable visita que solo genera atención, sobre todo en discursos y recomendaciones, cuando los saturados centros de salud sienten la enorme presión de enfermos graves. Claro que la agudización de los problemas en salud por la falta de medicamentos, por deterioro en equipo e instalaciones, por las protestas diarias del personal surgen, de inmediato, promesas en el nivel mesiánico como aquella de la disponibilidad de recursos nacionales para construir tres hospitales, dejando en la cuneta el préstamo, casi dádiva, del gobierno español para llevar salud a sectores más desfavorecidos. “Ni Dios lo quiera” es la expresión rutinaria y conformista ante los graves peligros que se ciernen cotidianamente sobre la población de escasos recursos para atender los problemas de salud en la familia. La OMS alertó en su informe sobre la Cobertura Sanitaria Universal que cada vez hay más hogares con gastos en salud, impidiendo acceder a otras necesidades básicas como la alimentación.
Nuestra experiencia diaria es la queja de quienes disponen de un mínimo de recursos para la subsistencia, lo cual significa que costos en consultas, internamiento en hospitales, compras de medicamentos, etc., se califican como “gastos catastróficos”, pues recaen directamente en la muy deteriorada supervivencia que, como lastre, impide mejorar la calidad de vida. Está lejos el virus Nipah, pero dada nuestra falta absoluta de previsión y menosprecio de la prevención no resultará extraño, como en otras muchas ocasiones, que esperemos enfrentar una emergencia real y entonces habrá algún movimiento, aunque pese a la gravedad, pausado porque las cosas de palacio van despacio.
Salud, educación y trabajo, la trilogía sobre la cual desde hoy debiéramos iniciar ese futuro en paz, prosperidad y libertad para nosotros, pero, sobre todo, para las generaciones venideras que, de momento, están condenadas a vivir con privaciones y en condiciones infrahumanas bajo la tiranía de la violencia, de la enfermedad y del hambre.
Prever y prevenir ausentes en la agenda oficial que prefiere el día a día miope al ritmo de ambiciones políticas partidarias cada vez más visibles.