04/04/2025
02:48 AM

Nuestra niñez

    Nuestra Constitución política, en el capítulo IV, artículos 119 al 126, Derechos del Niño, protege jurídicamente a nuestro más preciado recurso humano; loables y admirables las intenciones de los legisladores. Desgraciadamente, no se traducen en garantías reales y cotidianas para la gran mayoría de nuestros pequeños (as) compatriotas, cuyo hoy y mañana dependen de factores múltiples: paternidad irresponsable, pobreza -desde relativa a extrema-, desintegración hogareña, orfandad, violencia, entre otras formas diversas de discriminación y vulneración en sus derechos, abandono, maltratos, castigos físicos y mentales como métodos disciplinarios, colocando en situación de riesgo su integridad física, emocional y psicológica. Los traumas originados en la edad formativa repercuten a lo largo de sus vidas, impidiendo la formación de una personalidad integral, en lo humano y en la forja de ciudadanía responsable y participativa.

    Miles de ellas y ellos padecen de desnutrición crónica: dos de cada 10, registrando bajo peso corporal desde su nacimiento. Ausentismo, deserción escolar, trabajo infantil, abuso y explotación sexual -incluso por parte de familiares-, forzadas (os) a prostituirse para contribuir a los ingresos familiares, exhibidas (os) en videos pornográficos, obligados a mendigar.

    El dengue, infecciones respiratorias agudas, diarreas, son algunas de las enfermedades que pueden prevenirse y tratarse, una de las causales de la mortalidad infantil.

    Niños (as) migrantes, expuestos a todo tipo de peligros y acechanzas, particular pero no exclusivamente si viajan solos (as) sea para intentar la reunificación familiar o bien huyendo de condiciones inhumanas, que exceden los límites de tolerancia incluso para adultos.

    Unicef nos recuerda: “Niñas y niños no son solo sujetos de derecho individual, sino que también son sujetos de derecho colectivo: están inmersos en una familia, una comunidad y un pueblo dentro de un territorio”.

    No solamente al Estado compete la protección y bienestar de nuestra niñez, de igual manera a la sociedad en su conjunto, a los sistemas sanitario y educativo, a los poderes locales.

    La brecha entre las mayorías desheredadas y las minorías privilegiadas en razón de ingresos y oportunidades disponibles, continúa ahondándose, consolidando a dos sociedades y dos naciones: la marginal y la próspera, la desheredada y la afortunada. Lacerante realidad que no puede continuar indefinidamente, a riesgo de la total ingobernabilidad y la pérdida del sentido de pertenencia a un país por todos compartido.

    Familias hondureñas lloran la pérdida de tres compatriotas en Texas
    “Él venía de trabajar de Houston para Dallas, Texas”, comentó doña Aurora Castellanos, madre de José Ángel Santos Castellanos. “Yo lo llamaba desde el sábado y ayer me di cuenta del accidente”.
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