28/05/2024
12:55 AM

Los retos para Odir

    El recién electo rector de la Universidad Nacional, el Dr. Odir Aarón Fernández, tiene ante sí una colosal tarea cuyos resultados están en relación directa con el futuro del país. El Estado hondureño invierte muchos millones de lempiras en nuestra máxima casa de estudios y, por lo mismo, es justo que ese esfuerzo económico, con el que contribuimos todos los que tributamos, se vea recompensado. Hay, además, que tomar en cuenta que, por mandato constitucional, la Unah organiza y dirige todo el nivel de la educación superior: otras cinco universidades públicas y dieciséis privadas, con lo cual la responsabilidad es mayúscula porque abarca la formación de todos los profesionales que egresan de educación superior, cuya labor incidirá profundamente en el desarrollo del país.

    En el contexto en el que el doctor Fernández asume la rectoría de la Unah va a exigir de él no solo mucho trabajo y una gran capacidad de diálogo y de búsqueda de consensos con los distintos actores que inciden en la vida del alma máter.

    Tiene, en primer lugar, que lidiar con los políticos del patio. De hecho, algunas voces señalaron en su momento que él era al candidato de Libertad y Refundación y que el coordinador de ese partido había cabildeado intensamente para colocarlo en la rectoría. Lo cierto es que Fernández tiene méritos propios suficientes y no consta que milite o haya militado en Libre. Pero, igual, por la importancia que la universidad tiene en la vida nacional, no nos debe resultar extraño que nuestros políticos, sobre todo los que detentan el poder, quieran extender su dominio hasta la academia.

    El nuevo rector también tendrá que mantener un diálogo cercano con los estudiantes. Aunque la paridad universitaria es cosa del pasado, los estudiantes tienen representación en los órganos de gobierno y, además, son los primeros beneficiados si el manejo de la Unah es exitoso y los primeros afectados si no lo es.

    Al doctor Fernández le toca mantener el orden administrativo logrado durante las dos últimas gestiones; la de Julieta Castellanos y la de Francisco Herrera, y eso implica llevarse bien con un poderoso sindicato de trabajadores y una asociación de docentes también muy beligerante.

    Pero, sin duda, el reto mayor tiene que ver con la vigilancia sobre la calidad de los servicios académicos que se brinden en la Unah y en todo el sistema de educación superior, sin excepciones.

    Los hondureños debemos desearle al nuevo rector el mayor de los éxitos. Lo que tendrá en sus manos no es poco y compromete el futuro del país entero.