Resulta ambigua la clásica expresión “son el futuro del país” al referirse a niños y jóvenes frente a una encrucijada que exige firmes decisiones y arraigo para no fallar en la selección de la ruta. Todavía se recuerda aquel numeroso grupo de jóvenes en cada país que, al amparo del hogar familiar, ni estudiaba ni trabajaba, fenómeno al que no contribuía la pobreza y el desempleo como entre nosotros.

De la ausencia de estudio y de trabajo en el grupo de jóvenes entre los 15 y 25 años surgió con gran fuerza la palabra “nini”, hoy plenamente aceptada en el lenguaje diario. El sedentarismo se ausentó en el paso de generaciones que con la tecnología ha cobrado velocidad de un día para otro. Se han identificado a los “milenios”, generación Y. Los Z, “posmilenios”. Todo al vertiginoso ritmo de las redes sociales, tecnología y aquello que contribuye al acercamiento o distanciamiento al impulso de tecla, huellas dactilares o identificación ocular.

Un complejo mapa social de finales del siglo pasado con férrea afirmación de jóvenes que enfrentan profundos cambios físicos y sicológicos determinantes en sus vidas y en su grupo. Los estudios, el espacio en la familia, el ocio y las barreras a la integración laboral y social marcan definitivamente una ruta no siempre con destino conocido ni seguridad.

El Instituto Nacional de Estadística ha presentado un detallado informe sobre el mundo laboral y la integración de los hondureños en él. Resalta el número de ninis, alrededor de 900 mil jóvenes que ni trabajan ni estudian. Ello explica el ambiente de frustración que conduce no pocas veces a la delincuencia en grupo para protegerse y sobrevivir, y al éxodo en busca de una vida mejor no solo con trabajo, sino con el alejamiento de bandas que dominan amplias zonas en ciudades y pueblos.

Entre nosotros la situación económica, la debilidad en la estructura familiar, las profundas carencias en el sistema educativo y el pesimismo reinante contribuyen al deterioro en la formación personal y a la integración plena y efectiva en la sociedad para lograr habilidades en la convivencia armónica. Condición indispensable para la integración laboral es el nivel educativo, la formación y la capacitación para que desaparezcan el subempleo y su precariedad que apenas alcanza para sobrevivir. La siguiente etapa es la creatividad, emprender para hacer realidad las iniciativas personales que abren puertas al progreso y bienestar de la familia.

No solo por el futuro, por el presente, hay que aceptar la responsabilidad de los ninis y presentar soluciones que gradual y aceleradamente disminuyan la semilla negativa en educación y trabajo.