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“Locos de atar”

  • Actualizado: 15 agosto 2023 /

    La salud es definida por la OMS como “completo estado de bienestar físico, mental y social y no solamente ausencia de afecciones o enfermedades”. Con esta clara y determinante dimensión, la salud de los hondureños -sobre la que las carencias la ubican en el margen del más elemental nivel de supervivencia, con desequilibrios y trastornos en el ámbito emocional capaces de multiplicar los obstáculos donde queda atrapado el desarrollo de la personalidad con riesgos de situaciones extremas identificadas como “locos de atar”.

    Son numerosos los hechos diarios que evidencian problemas personales en la familia, frustración social con puertas cerradas al ingreso en el mundo laboral, pugnas en el diario quehacer que se traducen en violencia y ausencia cada vez más pronunciada de voluntad por el permanente bombardeo de ilusiones falsas en los espacios digitales, cuyos fiascos generan los espacios mentales explosivos.

    ¿Solución? No milagrosa, pero sí satisfactoria si se recibe tratamiento, cuyos resultados positivos van de la mano del cumplimiento de las órdenes y seguimiento de los consejos recibidos de los profesionales que atienden a los pacientes en el hospital. Y aquí es donde se halla la encrucijada, pues el primer paso para la cura es la aceptación del padecimiento y el acercamiento confiado, con el respaldo de la familia, a quienes dan consulta, identifican el mal y proporcionan receta.

    En San Pedro Sula con gran población juvenil solamente hay un centro de atención con responsabilidad particular asumida por religiosos de la orden de San Juan de Dios, cuya experiencia está marcando nuevas metas, consulta las 24 horas e instalación de internado para los pacientes graves. Todo ello gratuito con la satisfacción de recibir medicinas, gran fiasco en salud pública.

    La iniciativa, hace unos años, de la congregación religiosa se fue asentando no sin dificultades, pero sí con la cooperación de profesionales psicólogos, psiquiatras, que muestran en las doscientas consultas diarias vocación para ayudar a recuperar la salud mental, certeza en diagnósticos y disposición para dar seguimiento cercano a los pacientes y evitar recaídas. La adolescencia es la etapa más clara para la identificación de los trastornos cuyas secuelas se hacen evidentes en las dificultades de la integración social, familia, amigos, colegio, con semillas nacientes de frustración, ansiedad, depresiones encaminadas hacia un cuadro neurótico sin tratamiento oportuno. La herencia genética puede explicar casos, pero la mayoría proviene de la sociedad, de la cultura atrapada en el abuso de poder, en los enfrentamientos, en la desconfianza, en la ausencia del diálogo y la abundancia de sordera y griterío, de manera que sobrevivimos en un ambiente de imposición no de conciliación y así se deforman los valores humanos de la paz y la convivencia con creciente deterioro en salud, también mental.