Echemos cuentas, pero que sean claras, porque los agobios financieros y la escasez de recursos van para largo, aunque ya comiencen los cálculos, que no siempre encierran toda la verdad. Señalar un tres o un cinco por ciento de aumento en el producto interno bruto es buena noticia, pero de qué PIB, del anterior a la pandemia y desastre de fenómenos naturales o de lo que nos dejan las condiciones claramente adversas. Crecimiento es crecimiento y habrá que saludarlo.

Con este ambiente escasamente favorable y con el peso de compromisos financieros internos e internacionales, la Secretaría de Finanzas (Sefin) prepara los lineamentos técnicos de las cuentas públicas del próximo año, en el que ingresos y egresos sin luz al final del túnel y, mucho menos, con nueva administración, del color que sea.

Es hora de señalar que la cobija no alcanza para todos e identificar prioridades, algunas de las cuales van engrosando el discurso proselitista, pero apenas llegan del diente al labio, aunque el halago auditivo se traduce en la entrega de la voluntad, que se reflejará en el voto, no en la elección, pues elegir exige reflexión y selección.

Volviendo a las cuentas, ¿irán de la mano ingresos y egresos o estos últimos seguirán disparados sin que podamos apreciar los ciudadanos contribuyentes una disminución del gasto; es decir, aquellos pagos colaterales tras los cuales escapan millones y millones de lempiras necesarios en estos tiempos para los triajes, para el pago de personal de salud, para sostener y consolidar la educación virtual y evitar el abandono y alejamiento de niños y jóvenes de centros educativos?

Gastos están plenamente identificados y ni siquiera en el grueso de la pandemia y el azote de los huracanes hubo quien elevase la voz para encauzar viáticos, muy sustanciosos, combustible, alquiler, representación y otros agazapados egresos para compensar la caída de los ingresos, impuestos y tasas, y reencauzar esos recursos en la emergencia.

Con palabras de oficina, de ambiente burocrático y manejo de la retórica, la fuente oficial señala que “la política salarial será congruente con el nivel de recaudación de los ingresos, de manera que se evite el déficit presupuestario”. Solo faltó decir “amén”.

“Mi hijo, ¿de dónde?”, debiera ser la preocupación y no enviar a la trucha a pedir de fiado, o al vecino un préstamo con la promesa del pagar a final de mes, o al compadre, al que ya se le deben hasta las pagas extras de 2022. Esta es la realidad, y el presupuesto debiera irse alejando de su financiamiento con recursos externos para no hipotecar más las próximas generaciones. ¡Casi nada!