23/07/2024
06:10 AM

Libre, su más eficaz enemigo

    Las cada vez más intensas disputas al interior del Partido Libertad y Refundación confirman que, en ausencia de una oposición política a la vez crítica y propositiva, que no da muestras de haberse podido reactivar tras la derrota electoral del 2021, ese papel lo ha asumido la disidencia de Libre, con acusaciones de persecución política, sectarismo, corrupción e incapacidad burocrática dirigidas hacia la cúpula gobernante, que revela su intolerancia y ausencia de prácticas democráticas que den la bienvenida, y no el rechazo y acoso, a las voces que se atreven a señalar desviaciones y fallas que reducen aún más las posibilidades de una segunda victoria cívica, aun si tales críticas conllevan exclusiones y condenas, que pueden llegar hasta expulsiones masivas, tal como ya ocurrió cuando se disputaba la presidencia del Poder Legislativo.

    En aquella ocasión se logró conciliar posiciones a cambio de la entrega de cuota de poder en la administración pública: pese a ello, el descontento quedó aplacado temporalmente y hoy revive con mayor vigor e intensidad.

    Un número creciente de afiliados públicamente, incluso a nivel de ministros, formulan declaraciones en las que expresan su desencanto y frustración con el rumbo con que se maneja la nave estatal y la compleja realidad que nos agobia, tanto en lo económico, sanitario, educativo, en seguridad de las personas y sus bienes, con alto grado de inoperancia, improvisación y demagogia.

    Tales rechazos hacen eco de los más amplios por parte de la ciudadanía, independientemente de sus preferencias partidarias, que de maneras diversas testimonian su decepción y el contraste entre las promesas de campaña y la realidad dura y cruda, diametralmente opuestas.

    Se está formando un ambiente de ingobernabilidad y parálisis de la función pública, incidiendo directamente en la estabilidad política de la nación.

    Libre va reduciendo aceleradamente sus posibilidades de continuar en el poder para el próximo cuatrienio, si es que se practican elecciones totalmente libres y transparentes, como lo demanda la hondureñidad y la comunidad internacional, que se mantiene a la expectativa de la evolución de la crisis sociopolítica actual, de imprevisibles consecuencias, en que no habrá ni vencedores ni vencidos, por cuanto todos saldremos perdiendo, sumiendo a Honduras en lo más profundo de la vorágine a que puede llegar un país, a la deriva, carente de desarrollo humano y crecimiento económico, en pocas palabras, un Estado fallido.