23/05/2024
12:49 AM

Las enfermeras

    La sabiduría popular nos enseña a ser respetuosos y agradecidos, aunque los vientos que soplan vayan en contra y el rumbo de la navegación parezca que todo, casi todo o mucho va mal y no es lo mismo el ayer que el hoy atrapado por la tecnología. Estas palabras similares a sermón vienen a cuento por la celebración el domingo pasado del Día Internacional de la Enfermería que coincidió con otra festividad muy pegado al sentimiento de los hondureños.

    Todos debemos contribuir al buen y justo desarrollo en la sociedad, pero hay dos profesiones a las cuales se les debe especial reconocimiento, pues son momentos claves en la existencia de los individuos en que están presentes, en que su voz y sentimiento contribuyen muy eficazmente a la creencia de que hay gente buena en la sociedad por mucho que sean los problemas y la confianza colectiva tienda a desaparecer.

    Nos referimos a los maestros de preescolar y de escuela que bregan con cariño y sacrificio no siempre con la atención, comprensión y agradecimiento de los padres de familia, muchos alejados de la educación de sus hijos. Y el otro puntal del sostenimiento en las relaciones sociales está afincado en el sistema de salud, en ese gran grupo de profesionales, cuyos sacrificios no siempre es reconocido, que se hallan en las clínicas, que son el alma en los hospitales proporcionando ánimos en días difíciles por la enfermedad, allí al lado de la cama hay una enfermera, allí empujando la silla de ruedas para ir a curación o fisioterapia hay un enfermero.

    Loor a estas profesionales con las cuales hemos de contar todos, más temprano que tarde, en momentos difíciles, luz y espíritu en esos días en que pareciera debilitarse la voluntad y el calibre de la persona. No faltará quien identifique a enfermeras mandonas y hasta gritonas, pero atender enfermos requiere no solo tacto, sino, en algunos casos, energía, pues aceptar la situación, recibir los medicamentos y seguir la dieta indicada por el médico no es del gusto de todos, aunque sea para su bien, para recuperar la salud y volver a la familia.

    El agradecimiento se ha de concretar en el reconocimiento a la columna poco visible del sistema de salud, por ello cuando se anuncian despidos, negativa a la renovación de contratos o violación de derechos adquiridos es una descarada bofetada a la población que necesita maestros, como señalamos antes, y enfermeras que atienden en centros de salud y en hospitales en momentos más que difíciles de las personas y no pocos en sus últimos suspiros.

    Como señala la veterana enfermera del IHSS, Nidia Ochoa, “pasamos huracanes, temblores, huelgas y pandemia, pero no dejamos de servir”. Con personas así al mal tiempo se responde con una buena cara.