08/01/2026
11:26 AM

Larga data

    Intervención y excepción, dos rostros similares de fracaso y frustración en instituciones u organismos públicos en los que las autoridades tratan de recuperar el orden tras la aceptación implícita o evidente de la incapacidad por hacer efectiva la prevalencia de la ley en favor de la convivencia ciudadana, el bien común y la seguridad de la mayoría de la población. Los casos están a la orden del día, aunque prevalece todavía la mirada hacia atrás en un intento por hacer recaer la total responsabilidad en otros.

    El historial delictivo y criminal en las cárceles es largo. La experiencia nefasta de centros de reclusión en áreas urbanas pesa en ciudades que como San Pedro Sula logró sacudirse la carga, aunque aún se mantiene el predio en el limbo para favorecer a la delincuencia callejera cuando bien se podría utilizar para un centro educativo, para parque con amplia área verde u otra finalidad con fundado objetivo social. ¡Quién le pone el cascabel al gato!

    Los hechos violentos de las últimas horas en centros penales de máxima seguridad es clara expresión del rotundo fracaso pese a la imagen ofrecida en la que los reclusorios eran presentados como bellos espejismos de paz y tranquilidad pese a las muertes, algunas hasta por encargo calificadas de excepción que como dice la sabiduría clásica “confirma la regla”.

    Lo último ocurrido ya no se tapa, al contrario, aunque tarde en la Presidencia hemos escuchado: “Voy a poner mano dura y orden en las cárceles, hasta transformarlas en centros de rehabilitación, no en escuelas de crimen y tortura como lo que he heredado”. Hasta no ver no creer porque ya va quedando lejos la toma de posesión, las promesas de campaña y tantas palabras que con el paso de los días muestran el óxido del olvido.

    Como en otras muchas intenciones la ruta para alcanzar las metas debe empezar por casa. Arriba está, en la mayoría de los casos, la causa de los fracasos en las gestiones públicas, en este caso tan delicado en la administración del sistema carcelario. Las armas utilizadas en los enfrentamientos y las que se hallan escondidas ingresan por los portones, no llegan, como en las películas en helicópteros. Por ello, la mano dura, acompañada de equipo y tecnología, habrá de iniciar en los responsables de la seguridad en las cárceles.

    Los problemas agravados en los últimos años tienen larga data con la sobrepoblación y el hacinamiento, pese a la construcción de instalaciones que mitigaron la alta densidad poblacional en los reclusorios, pero no lograron una solución temporal. La anunciada construcción de dos centros penales en lugares remotos ha sonado a llamarada de tusa, que se diluye con nuevas promesas en otras áreas.