Hoy que nos alistamos para celebrar piadosamente uno de los acontecimientos más destacados en los anales históricos de la humanidad, cual fue el nacimiento de Jesucristo, en la tierra palestina de Belén, de eso hace dos mil veintidós años, es oportuno recordar que tanto Cristo como sus padres, María y José, debieron refugiarse en Egipto ante la persecución desatada por Herodes el Grande, por lo que buscaron asilo en el reino africano de las pirámides hasta la muerte del verdugo imperial.
Jesús fue un doble refugiado, ya que también - tanto él como su familia- debieron emigrar de Belén, cuna de su nacimiento en modestísimo pesebre un 25 decembrino, para trasladarse a Galilea, en donde radicó por treinta años.
Por ello se identificó y solidarizó plenamente con los perseguidos, desheredados, acosados, sometidos, marginados, huérfanos, viudas, extranjeros, con aquellos carentes de familiares que puedan velar por ellos, ayunos de abrigo, techo, alimento, calor humano. Ninguna persona debe ser ignorada, descartada, excluida bajo ningún concepto y circunstancia.
Ante los ojos del Creador no existen diferencias de clase, riqueza, poder: todos, absolutamente, somos iguales. Son nuestros méritos acumulados en este mundo los que destacan ante Él.Imitando el sublime ejemplo cristiano debemos reconocer la compleja y dramática realidad de los excluidos social y económicamente, con nuestros compatriotas deportados, con los que cruzan territorio nacional en tránsito hacia otros destinos, brindándoles consuelo y apoyo moral y material, sin jamás intentar aprovecharse de sus necesidades y carencias para lucrarnos a costa del dolor y sufrimiento ajenos.
Así como no deseamos que nuestros migrantes sufran abusos, extorsiones y hostilidades en su peregrinaje en trayecto hacia Norteamérica, por el contrario debemos comportarnos con piedad y compasión, más aún en esta época de Pascua, que simboliza amor con quienes ingresan a Honduras, sea permanente o fugazmente, dando sin esperar gratificaciones ni reconocimientos.
Años después de haber venido a este planeta, Cristo públicamente reconoció: “Era migrante y me acogieron”. “Dad de comer al hambriento, dar de beber al sediento”, frases de permanente vigencia. Compartir es, entonces, palabra clave en las relaciones con nuestros semejantes.
Disfrutemos esta festividad pascual y de Año Nuevo con salud, recogimiento, unidos con nuestras familias y semejantes, en circunstancias como las actuales, especialmente difíciles e inciertas. Son esos los deseos de Diario La Prensa para todos los compatriotas aquí y en el exterior. Las páginas de este rotativo están permanentemente al servicio de la comunidad con contenidos plenos de humanismo solidario.