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La casa de la justicia

  • Actualizado: 22 febrero 2023 /

    Es inevitable que cuando se hace referencia a la impartición de justicia en Honduras, y a las autoridades constituidas para ello, acuda a la memoria el conocido poema de Roberto Sosa, en el que compara el actual Palacio de Justicia con un lugar en el que deambulan encantadores de serpientes. Y la imagen no pude ser más elocuente, porque todos sabemos que estos famosos personajes típicos de las estampas ambientadas en la India, no es que precisamente encanten a las cobras, sino que las engañan con sus movimientos ondulantes y sus melodías adormecedoras.

    Viene a colación lo anterior ante la reciente elección de una nueva Corte Suprema que, si bien es cierto, no ha satisfecho las expectativas de la mayoría de la población, sí ha significado un avance en relación con los antecedentes históricos en cuanto a la selección de los magistrados que la constituyen. Porque, en esta ocasión, el partido que ejerce la titularidad del Poder Ejecutivo no cuenta con mayoría en la Corte, y, por lo tanto, le resultará más complicado alinearla dócilmente para ponerla totalmente a su servicio.

    Para la ciudadanía no ha dejado de ser frustrante que, luego de la extenuante labor de los miembros de la Junta Nominadora no se hayan tomado en cuenta todos los juristas con las mejores calificaciones y solo parte de ellos. La política vernácula terminó por ensombrecer un proceso que debió haber sido diáfano de inicio a fin, pero que concluyó como una evidente repartición entre tres fuerzas políticas.

    Queda ahora esperar que esta nueva flamante Corte Suprema sea realmente independiente, no se someta a ninguno de los otros dos poderes del Estado y se dedique a reducir la mora judicial y a todo lo que tiene que ver con sus áreas específicas de competencia.

    Se ha dicho que será esta una Corte de transición, porque se tiene la esperanza que, dentro de siete años, se haga una selección verdaderamente alejada de los vaivenes políticos del país, se haga honor a la auténtica meritocracia y no se deje por fuera a excelentes y capaces profesionales del derecho, cuyo pecado ha sido no militar en ningún partido.

    Como desde LA PRENSA, señaláramos hace unos días, nuestra democracia sigue “en pañales”. Debemos hacer a un lado, de una vez por todas, los intereses particulares, de personas y de grupos, para darle preeminencia a los del país. No olvidemos nunca que Honduras es responsabilidad de todos, porque nos pertenece a todos y no a unos cuantos.