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Huracán bolivariano

  • Actualizado: 23 octubre 2019 /

De modo que la figura no solo es literaria, es real.

    De una de las lenguas precolombinas que se hablaba en el Caribe fue que el español, y de él el resto de muchas otras lenguas, tomó la palabra huracán. Los europeos conocían la fuerza destructora del volcán o del terremoto, pero ignoraban cómo el viento, acompañado por la lluvia, era capaz de arrasar aldeas enteras, anegar las tierras o arrancar con furia árboles o palmeras desde su raíz.

    De ahí que la metáfora que el número dos del chavismo venezolano, el señor Cabello, ha utilizado para amenazar a varios países de la región, Honduras incluida, con exportar la violencia ciega, el irrespeto a las personas y el caos que caracteriza al régimen madurista, resulta más que adecuada.

    Por muy mala memoria, o conciencia, que tenga un latinoamericano medianamente lúcido no podrá negar que los Gobiernos de izquierda en el subcontinente no solo no han aportado nada al desarrollo integral de los países que los han sufrido, sino que, además, han realizado una siembra de odio y han propiciado la división social, todo con el fin de mantenerse en el poder y favorecer sus proyectos ideológicos.

    Desde la sufrida Cuba hasta la desgraciada Venezuela, pasando, por supuesto, por la vecina Nicaragua, lo que podemos observar, con objetividad, es que una camarilla se ha hecho del poder, ha torcido las leyes a su antojo, ha empobrecido a la población y, luego, ha defendido a sangre, muerte y fuego su permanencia al frente del Estado, mientras se dedica a echarle la culpa al “imperialismo” de todos sus fracasos. Y encima, luego de los desastres económicos provocados, se han llevado por delante la libertad de pensamiento y expresión, han impuesto su ideología en la escuela y todo ámbito que les es posible.

    De modo que la figura no solo es literaria, es real. El huracán chavista ha destrozado a Venezuela, millones de venezolanos han huido de su tierra y solo los protegidos del Gobierno tienen acceso a medicamentos y comida suficiente. Las ganancias del petróleo se quedan en unas pocas manos, no hay medios de comunicación independientes, la persecución política está a la orden del día, y un largo y doloroso etcétera.

    Desde hace más de una década, Honduras ha estado en la mira del chavismo. Los cómplices criollos, poco amantes de la paz y el desarrollo, no desperdician oportunidad para tratar de llevar agua a su molino y atentar contra la convivencia. Así que hay que estar atentos y resistir ante cualquier intento de hacernos víctimas del nefasto huracán bolivariano.