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Hambre y sed

  • 15 mayo 2023 /

    “Dos millones de hondureños no tienen acceso a alimentos”, sufriendo de inseguridad alimentaria, de acuerdo con el representante del PMA, Héctor Cruz, vinculando tal inhumana condición con los ingresos que perciben. En efecto, 74% de nuestros compatriotas están sumidos en la pobreza, en tanto, otra gran cantidad se ubica en la pobreza extrema, con el consiguiente impacto negativo en su desarrollo humano y sus muy limitadas posibilidades actuales de superación. Alrededor de 3.2 millones con necesidades humanitarias insatisfechas, agravadas por las periódicas alzas en el costo de vida. Eso no es todo: 76 de cada cien hondureños carecen de acceso a agua potable segura. A estas impactantes cifras debe agregarse la precariedad respecto a nutrición, inmunización, eliminación de excretas, elevadas tasas de mortalidad y morbilidad, acceso a fuentes de energía.

    Las causales de esta radiografía social son múltiples y se vinculan entre sí: deterioro ambiental que provocan insuficientes lluvias o exceso de las mismas, generando sequías o inundaciones, en ambos casos destruyendo cosechas agrícolas, pérdida de ganado, hambrunas colectivas; como consecuencia, la reducida disponibilidad de alimentos, la especulación en sus precios por parte de acaparadores e intermediarios, la inmigración de la mano de obra rural hacia las ciudades o el exterior, paradójicamente el 55% de la fuerza laboral se encuentra actualmente desempleada o subempleada, de acuerdo con el informe Estado de País 2023, elaborado por la ASJ.

    Las técnicas agrícolas rudimentarias practicadas secularmente por el campesinado, con muy bajos niveles de productividad, a lo que se añade el no haberse reactivado los programas de extensión agrícola; el efecto nocivo de plagas y roedores; la inseguridad respecto a la tenencia legal de la tierra en diversas zonas del país; el priorizar los cultivos para la exportación en desmedro de los destinados al consumo interno, carencia de suficientes reservorios para almacenar agua durante la estación lluviosa; muy limitado acceso del hombre del campo a proyectos de irrigación. Todo ello converge en la falta de equidad en las oportunidades sanitarias y educativas de la mayoría de hombres, mujeres, infantes; en tanto, la concentración de las mismas y de ingresos se acumula cada vez más en pocas manos, desembocando en creciente conflictividad social expresada por medios violentos atentatorios de la necesaria paz social. Se sostiene, con razón, que el hambre es mala consejera . En efecto, ello explica, parcialmente el ambiente de frustración e incertidumbre que hoy prevalece en nuestra nación, que incita a la desesperación y el deseo de abandonar la patria en incierta y cada vez más peligrosa opción de migrar a otras latitudes.