Agonía en triajes era un titular de este rotativo la semana pasada cuyo contenido informativo muestra la trágica realidad de la pandemia, que como oleaje se convierte en marejada que azota la costa, y no es para menos, pues al día unos 30 pacientes esperan cupo en los hospitales sampedranos. ¿Más fuerte el virus o más irresponsables los hondureños?

Cada uno dará respuesta, pero la apatía para vacunarse y el debilitamiento en las medidas de bioseguridad han creado un terreno sumamente fértil para el contagio, que había disminuido, pero en las últimas semanas la ocupación en los hospitales es clara evidencia de que hemos ido a peor, con la única esperanza de que el aumento de vacunados nos proporcione un horizonte positivo, pero habrá que ser consciente de que la vacuna no cura, sino que disminuye la gravedad de la enfermedad.

La población no utiliza la mascarilla, el distanciamiento físico no entra aún en nuestros hábitos de convivencia, y las idas y venidas, como en otros tiempos, se convirtieron, particularmente en los jóvenes, en unas actividades rutinarias en las que se alejó la reflexión sobre el riesgo de ser contaminado y, lo peor, ser portador de contaminación para la familia, amigos y compañeros de trabajo.

Se ha dicho tantas veces y por tan numerosos canales que el mensaje preventivo va perdiendo impacto y las víctimas en los hospitales y los enfermos en los triajes con cuidados paliativos, a la espera de poder ser ingresado en una sala covid de hospital, es evidencia de tan trágica situación. La vacuna es portadora de esperanza, pero también ha sido interpretada como volver a la feria y a la fiesta. Esa es la explicación no tan científica, pero sí real de lo que nos está ocurriendo.

Quien vive en carne propia el drama de la enfermedad es la familia, pero también el personal de Salud en los triajes, donde la estabilización de pacientes no deja de ser un llamado del más allá, sobre todo cuando hay que tomar número para ser trasladado a un hospital y recibir el tratamiento más apropiado al quebramiento de la salud.

Grave error creer que al estar vacunado no habrá contagio. Una y mil veces lo ha repetido el personal médico. Algunos países se hallan enrumbados ya hacia la tercera dosis. Casi nada. Para nosotros es toda una ilusión que no nos atrevemos a imaginar, por lo que es necesario y urgente aplicar las medidas de prevención, tantas veces escuchadas, tantas veces olvidadas, y por ello se agoniza en los triajes.