Para algunos que no son tantos, ni la evidencia más evidente, como diría Cantinflas, les hace mella, al contrario, en torno a ella fortalecen muros y su capacidad de ser humano para innovar y hallar soluciones se diluye en un pensamiento restrictivo con disminuida capacidad para ver, evaluar y marcar posición innovadora en los hechos para mejorarlos. El ambiente sobre la aplicación de las vacunas se mueve en una apretada nebulosa utilizada por muchos en su posición “anti”, aunque la ciencia respalde la realidad. Sin embargo, la ignorancia, fuente desconfianza, genera situaciones adversas.

Las pruebas están al canto y así centros de primera atención van cerrando y concentrándose, aunque cause polémica entre los profesionales de la salud, pues argumentan que casi han desaparecido los pacientes en los triajes, pero nos esperan unos días de grandes riesgos con motivo de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Grave riesgo se corrió en la campaña electoral y en las elecciones y todo pasó sin que pasara nada lo cual no significa que no pueda suceder, pero también quiere decir que los hondureños podremos celebrar estas fiestas con familiares a quienes conocemos, no con otras personas que, a lo mejor ni vacunados están. En otras palabras, prudencia y confianza pues la vacuna protege, no cura, tal como se refleja en la sustancial baja de enfermos por covid en los hospitales y la casi desaparición de pacientes en UCI.

Pero no dejemos la tarea a medias. No es prudente ni recomendable terminar a la carrera, pues las “prisas no son buenas”. El clamor desde hace unas semanas no es otro que “¡a vacunarse!”. Si el Instituto Hondureño de Seguridad Social anunció el paro de la vacunación fue por falta de unidades de inmunización, pero ha recibido dosis suficientes para aplicar las dos primeras y la tercera de refuerzo. Como decía una joven madre que hacía fila en un centro de vacunación: “Me vacuno porque me amo y porque no quiero que les falte su madre a mis hijos”.

En esta misma columna hemos señalado que las personas mayores dicen que tirar la comida es pecado, extrayendo el dicho del campo de la moral o creencia, lo podemos referir con propiedad a la inmunización. Casi medio millón de vacunas tienen fecha de vencimiento cercana, dos meses, si no quebramos la oposición de más de un millón de hondureños las dosis se perderán. Los resultados de la inmunización son evidentes, no culpe a otros quien no quiera proteger su vida y la de los suyos.