14/08/2022
06:50 AM

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En aprietos

    Para el Banco Central de Honduras (BCH), el costo de la canasta básica ronda los 9,750 lempiras, considerando alimentos y algunos servicios; para los empresarios anda en 7,000 solo estimando 30 productos, mientras asociaciones de consumidores han dado la alerta porque su cálculo reciente pasa de los 11,000 para una familia de cinco miembros. En lo que todos sí están de acuerdo es en el duro impacto de la economía familiar con el alza desbocada de todo y en la necesidad urgente de tener planes estratégicos a corto, mediano y largo plazo, y ejecutar más acciones para contrarrestar la inflación que, a la inmensa mayoría, nos tiene con el agua al cuello.

    También todos los sectores coinciden en que estas alzas son derivadas de los precios históricos que han alcanzado los combustibles, un tema que ha empujado al Gobierno a ordenar se congelen los precios de la gasolina regular y diésel para las próximas cuatro semanas, hasta el 24 de julio, una medida de alivio que se suma al subsidio de 10 lempiras al galón de superior, regular y diésel que está vigente desde febrero, y a la nueva campaña de ahorro para hacer conciencia en la población del efecto que ese gasto tiene en el país. Ese gasto se disparó abruptamente en un 73 por ciento en las importaciones de combustibles y lubricantes hasta abril, es decir unos 365 millones de dólares adicionales a la factura que ahora es de 885 millones de dólares. Se han incrementado todos los derivados del petróleo que importamos de Estados Unidos, nuestro principal proveedor de combustibles —un 80 por ciento—, y de los demás que se distribuyen un 20 por ciento.

    En El Salvador y Nicaragua, el Estado ha absorbido los últimos incrementos y en otros países han optado por la suspensión temporal de los impuestos que se cargan a los combustibles para reducir el impacto de los altos precios mientras se estabiliza la situación internacional vulnerada por la guerra entre Rusia y Ucrania. Pero todas estas acciones para amortizar el impacto de esta crisis mundial de los combustibles, sea exonerando impuestos, subsidiando o congelando precios, son pan para hoy y hambre para mañana. La realidad es que mientras no tomemos conciencia como sociedad sobre la escalada de precios y alentemos el ahorro ajustado a la realidad, vamos a seguir en graves apuros, con muchos problemas y dificultades golpeando a la puerta. Debemos hacer cambios desde el Gobierno, empresas, comercios y hogares para superar este terrible episodio, tomar acciones para enfrentar no solo el impacto de la histórica inflación, sino de la escasez que ya tenemos encima y nos tiene en aprietos. Porque, como dicen los economistas, esta crisis es solo la punta del iceberg.