Recientemente nos referíamos en esta columna editorial a la cultura definida por sociólogos y orientadores como “lo que queda después de olvidar lo aprendido”. Es decir, esa semilla, fuerza que proyecta la conducta de las personas. En los últimos días se han multiplicado las informaciones sobre la cultura, creatividad, arte y ambiente de calificación social. Y es que desde lo elemental “tiene cultura” se expresa en el saludo a las personas, dar preferencia a quien por necesidad o edad requiere especial tratamiento, valoración de lo propio, sea individual o del país, respeto y aprecio por los demás.

Es todo un mundo de valoración que califica a los pueblos. En estos días LA PRENSA ha presentado las necesidades y esperanzas de la creatividad en ese mundo cultural de las artes. Primero con la situación de la escuela de música Victoriano López, después con la esperanza de una pronta construcción de la Plaza de la Cultura y posteriormente con la salutación a la creación de una agenda cultural para que el arte vuelva a reunir a los sampedranos.

La situación de emergencia obligó a un largo paréntesis en la participación colectiva, quedando la creatividad artística en un ambiente personal atrapado por las condiciones negativas en la sociedad. Pero está sonando, como en tiempos de Lázaro, un “sal afuera” para que la creación artística alcance su mayor dimensión con profunda admiración de las personas y expresión de la identidad de un pueblo que canta, baila, se expresa con el pincel y la pluma, admira la acción en los escenarios, disfruta y comparte valores singulares que reflejan, como en espejo, el querer y el saber de la sociedad.

Pero es necesaria la iniciativa, el esfuerzo común y la ruta de los colectivos artísticos a seguir para proporcionar el espíritu de superación en las artes como dimensión muy superior a todo lo material. Ahí está la escuela de música con una historia que llena de orgullo a San Pedro Sula, a los maestros y a los alumnos que han podido superar numerosos obstáculos y brillar dentro y fuera de nuestro país.

Otro gran reto, desafío de años, es la construcción de la Plaza de la Cultura en el emblemático lugar donde generaciones de jóvenes abrieron camino en su carrera profesional, muchos de ellos con jubilación y otros con experiencia en sus profesiones, todos atesorando el recuerdo de las aulas, los espacios de recreo y las escaleras de entrada del histórico José Trinidad Reyes.

También la cultura y el arte necesitan previsión, por ello una apretada y detallada agenda nos dará la clave del rescate creativo artístico en la Capital Industrial del país.