En este ambiente tan negativo tenemos que reconocer con gratitud la abnegada labor de miles de familias y valorar el tesón y confianza con que inician el nuevo ciclo anual de cosecha, pese a los enormes obstáculos consignados de descomunales desafíos que a lo largo de décadas han afincado la confianza y el arraigo a la tierra los hogares sostenidos con el cultivo del café. El nuevo ciclo anual iniciado hace unos días presenta unos retos internos que, pese a los precios del mercado internacional muy favorables, hacen más evidentes las dificultades en la cosecha del grano. La escasez de personal para el trabajo en las fincas es una de las mayores preocupaciones para evitar la caída del grano que daña la calidad de la producción, calculada ya en aumento con relación al ciclo que acaba de concluir.

Estimaciones en fuentes cafetaleras señalan que el incremento de la cosecha supera el millón de quintales, unos 7.2 millones, mientras que en el ciclo pasado se contabilizaron en 6.1 millones. Los números son números, pero lo más importante y de mayor impacto es la fuente de producción, los más de cien mil productores, la mayoría de ellos propietarios de pequeñas unidades de producción, lo cual debiera ser considerado como el gran tesoro nacional porque además en la temporada de cosecha proporciona oportunidad de empleo a miles de personas y reactivan las economías locales.

La deplorable y peligrosa situación de la infraestructura vial de buena parte de la zona cafetalera, ocasionada por la intensidad de las lluvias, es una enorme barrera para la salida de la cosecha, que otros años hallaba en organismos cafetaleros la maquinaria, el personal y los recursos para asegurar la viabilidad desde las fincas a las bodegas. El Fondo Cafetalero señaló que 62 municipios productores se hallan bajo emergencia por corte de carreteras, inundaciones y destrucción de viviendas. El sector cafetalero exige prioridad en atención no solo en situaciones excepcionales, sino en el normal desenvolvimiento de la economía nacional. Su estabilidad en la creación de empleo y la necesidad de efectuar la cosecha garantizan uno de los más fuertes lazos sociales en el futuro del país.

Claro que hay altibajos, algunos internos y otros en el mercado internacional, donde las cotizaciones se manejan con ritmo de ganancias en el intermedio de la cadena de comercialización, dejando de lado a productores y consumidores. Los primeros a merced de las condiciones climáticas y los segundos con precios que en nada reflejan la cotización en la fuente del grano. Hay sobradas expectativas, pues la cotización internacional es favorable y unida al aumento en la producción dará al ciclo el calificativo de bueno. ¡Ojalá así sea!