Apuestas y más apuestas

El crecimiento de las apuestas de alto riesgo y otros esquemas financieros sin suficiente regulación representa una amenaza para la economía y el bienestar de miles de hondureños, especialmente en un contexto marcado por el alto costo de la vida y la incertidumbre económica

Crece el número de ofertas dirigidas al público consumidor para apostar sus ingresos en juegos de alto riesgo que, como atractivo, ofrecen premios cuantiosos. Esto genera adicciones que conllevan perjuicios para las personas tentadas y para sus economías domésticas, en tiempos y circunstancias como las actuales, marcadas por un creciente y rápido aumento en los precios de los alimentos y las medicinas.

A ello se suma una coyuntura internacional caracterizada por el alza en los precios del petróleo, sus derivados y los fertilizantes, en medio del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, que no da visos de llegar a soluciones efectivas y duraderas. A esta situación se agrega la especulación en determinados rubros del empresariado hondureño, como el transporte.

Es altamente preocupante que diversos sectores de la población, tanto adultos como jóvenes, inviertan su peculio en actividades inciertas como las apuestas, en detrimento de su bienestar y de su equilibrio económico y psicológico.

Resulta fácil convertirse en un adicto, ya sea a las bebidas alcohólicas, el tabaco, los juegos de azar, los estupefacientes o los videojuegos. Lo difícil es liberarse de esas dependencias, lo que requiere voluntad y decisión personal, además del respaldo del entorno familiar y, cuando sea necesario, de profesionales de la salud.

Para quienes no logran salir de esos laberintos existenciales, aun cuando lo intentan, la única opción que perciben suele reducirse a endeudarse para seguir financiando la adicción o convertirse en delincuentes. No existe una regulación ni un control efectivos sobre el sistema de apuestas, lo que implica que, ante la ausencia de supervisión oficial, el público queda a expensas de quienes diseñan y ofrecen estos mecanismos.

Algo similar ocurre con las estafas piramidales surgidas en años recientes, en las que miles de compatriotas confiaron sus ahorros y remesas a empresas de fachada que se aprovechan de la falta de educación financiera de la población, así como de la insuficiente regulación oportuna por parte de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS). Esto ha significado pérdidas millonarias para quienes, en mala hora, confiaron en obtener tasas de interés muy superiores a las ofrecidas por los bancos debidamente regulados y supervisados por el Estado.

Nuestro pueblo está insuficientemente protegido por una legislación ad hoc que resguarde su seguridad, tanto en sus vidas como en sus bienes, situación que es aprovechada por personas inescrupulosas que permanecen al acecho de incautos.

Un sentido de realismo debe estar presente en nuestras decisiones. Cuando no poseemos información suficiente y confiable para adoptar una decisión que, en lugar de perjudicar nuestros intereses, los proteja, debemos recurrir a la experiencia y los conocimientos de profesionales versados en la materia.

Si no atendemos opiniones ni consejos oportunos, más temprano que tarde podríamos quedar atrapados en las redes de la adicción durante un tiempo indeterminado, en una espiral descendente de consecuencias imprevisibles. No somos alarmistas, pero sí es nuestro deber social advertir a nuestros compatriotas tomar las debidas precauciones al momento de adoptar decisiones que impactarán tanto en nuestras vidas como en las de nuestro entorno y círculo de familiares y amistades, vínculos que debemos proteger y nunca perjudicar.

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