01/12/2022
12:48 PM

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A cada rato

    Eso de andarse por las ramas es el dolor de los habitantes del valle de Sula que apenas lograron eliminar la humedad de sus casas ocasionada por las inundaciones de las tormentas Iota y Eta y ya están de vuelta, dos años después, en rescatar sus hogares, sacar el lodo y limpiar para poder regresar. La desgracia se repite, pero con mayor frecuencia y así seguirá mientras se centra el interés en los bordos de azúcar y no en enfrentar las causas con prioridad sin desatender los efectos, labor más de clientelismo que solución.

    Ante los desastres es necesario no buscar culpables, pues no solo la legislación sino hasta en la misma sociedad “dormida” y cómplice no reacciona. En las esferas políticas prevalece el antiético principio, ampliamente aceptado y ejercitado, de “hoy por ti, mañana por mí”. Pero sí debiera acentuarse la labor para identificar primeramente la responsabilidad y así dar con los irresponsables que en cargos públicos no dieron la medida, pero sí ocuparon cargos con pago directo de las aportaciones ciudadanas.

    Hace más de una década se hicieron estudios con cargos al presupuesto, pero siguen acumulando polvo y olvido en archivo de oficinas públicas. ¿Quiénes son responsables? Vaya usted a saber. El caso es que, desde el Fifí, el Mitch y las recientes dos tormentas tropicales todo sigue igual. En las esferas oficiales se atiende la emergencia y después a seguir danzando por las ramas.

    “Antes cada 20 años éramos afectados por las inundaciones, hoy nos toca salir de casa a cada rato”, expresaba con desaliento y frustración un damnificado en La Lima. Y no es para menos, porque las gráficas muestran a las personas en bulevares y refugios, las tierras de cultivo anegadas y las viviendas bajo el agua. Todo como hace cincuenta, treinta o diez años, pero, aunque nada más fuese por evitar las millonarias pérdidas y las fuentes de empleo debieran los responsables, muy irresponsables, dar cuenta.

    Hay que construir las represas cuya inversión es mucho menor que la cuantía millonaria de pérdidas en el valle. No hay excusa ni discurso barato sobre el ayer y la situación del hoy, pues el grave deterioro ambiental y las secuelas del cambio climático elevan la gravedad como se hace evidente en la temporada de lluvia, nada de huracanes y tormentas que Dios quiera que no nos lleguen.

    Los enredos políticos y el paso a paso con que se va pergeñando el futuro inmediato no debiera obstruir las prioridades necesarias para salvar vidas, proteger cultivos y defender empleos porque la política de Estado no llega a la raíz, sino que salta de rama en rama. En el escenario cosmético dominan los efectos y la causa queda entre telones.