La última encuesta aplicada hace unos días por el independiente centro Pew le da una sólida ventaja al exvicepresidente Joe Biden sobre Donald Trump. Pone a Biden con 52% de apoyo entre los votantes registrados frente a solo un 42% para Trump faltando menos de un mes para la votación.

Pero no podemos olvidar que las encuestas hace cuatro años decían más o menos lo mismo. Una encuesta de la AP del 26 de ocutubre de 2016 le daba a Hillary Clinton una ventaja de 14 puntos sobre Trump. Y el final no fue así.

Trump, electoralmente, sigue siendo un misterio. Hay gente que no le dice a los encuestadores por quién va a votar o que oculta su preferencia.

El mismo centro Pew explicó en un reporte por qué los encuestadores se equivocaron tanto en 2016: “Algunos han sugerido que los encuestados sencillamente no fueron honestos sobre por quién iban a votar. La existencia de estos ‘trumpistas tímidos’ sugiere que votar por Trump era socialmente indeseable o mal visto.”

Es muy posible que todavía siga siendo mal visto. No es sencillo defender entre amigos, en la familia o en el trabajo a una persona que ha hecho comentarios racistas y sexistas. Sea quien sea. Y Trump ha hecho muchos.

Sí, sí dijo en 2015 que los inmigrantes mexicanos eran “violadores” y criminales. También dijo en 2017 que en una manifestación de grupos neonazis y ultraderechistas en Charlottesville había “gente muy buena en ambos lados” y en el primer debate presidencial se negó a condenar a grupos supremacistas blancos y, por el contrario, le pidió a los Proud Boys -considerado un “grupo de odio” por el Southern Povertly Law Center- que “estén listos”.
​Trump también ha hecho comentarios sexistas. En una cinta del programa Access Hollywood se escucha a Trump decir que puede agarrar a las mujeres de sus genitales solo porque él es una “estrella”.

Y hace poco, en una entrevista con Fox Business, Trump calificó como un “monstruo” a la senadora Kamala Harris, candidata a la vicepresidencia por el Partido Demócrata.
​Todos estos comentarios de Trump apoyan y promueven el racismo y la discriminación. Y no hay manera de defenderlos en público. Por esto, quizá, a muchas personas no les gusta decir que votaron por Trump o que lo van a hacer el próximo 3 de noviembre. Me pregunto si, esta vez, las encuestas sí han incluido a estos “trumpistas tímidos” u ocultos.
​Trump cree que va a ganar otra vez.

Durante un acto de campaña el 20 de agosto dijo que “la única manera en que ellos (los demócratas) van a ganar es en una elección fraudulenta.”

De hecho, en varias ocasiones se ha negado a decir que va a reconocer el resultado de las elecciones presidenciales. “No voy a decir que sí”, refirió en una entrevista en FoxNews el 19 de julio. Y luego, el 29 de septiembre, fue más allá. Les pidió a sus seguidores que “vayan a las urnas y las vigilen cuidadosamente” porque esto “significa que hay una elección fraudulenta”.​

La gran pregunta -electoral y legal- es ¿qué pasaría si Trump pierde y no reconoce su derrota? No hay, hasta el momento, ninguna evidencia de fraude en estas elecciones a nivel nacional. Y su negativa a aceptar los resultados -cuando las encuestas dicen que podría perder- es una grave amenaza para esta democracia de más de dos siglos. Este es el tipo de cosas que escuchamos de dictadores en América Latina, no en Estados Unidos.

​Este país siempre ha tenido un pacífico traspaso de poder de un presidente a otro. Pero eso no quiere decir que en todas las elecciones ha sido fácil escoger al ganador. En 2000, la Corte Suprema tuvo que intervenir para detener el conteo de votos y darle la victoria a George W. Bush. Y es posible que, si hay una elección muy cerrada, esa misma corte vuelva a intervenir.
​Por eso es tan importante el papel que tendrá la jueza Amy Coney Barret si es confirmada, como se espera, a la Corte Suprema de Justicia en reemplazo de Ruth Bader Ginsburg. Eso crearía un desbalance ideológico, con seis jueces conservadores y solo tres liberales.

En su audiencia de confirmación, Barret se rehusó a decir si se retiraría temporalmente de la Corte en caso que tuviera que decidir sobre un asunto vinculado a Trump y la votación.
Sin embargo, negó tener una alianza o compromiso con el Presidente y dijo que “no permitirá que la utilicen para decidir esta elección”.

Si las encuestas de 2020 son casi iguales que las de 2016 -con Trump muy detrás del candidato demócrata- entonces ¿pudiera haber el mismo resultado?

Bueno, este año hay una gran diferencia: la pandemia, los más de 220,000 muertos en Estados Unidos, y el confuso manejo de esta crisis por parte del Gobierno federal.

Es posible que muchos votantes le perdonen a Trump sus comentarios racistas y sexistas, sus mentiras -más de 20 ,000 según The Washington Post- y sus malas costumbres autoritarias. Pero ¿le perdonarán los muertos y los más de ocho millones de contagiados? ​Eso lo sabremos en unos días.