En las páginas de la Biblia, específicamente en el Antiguo Testamento, se nos narra la historia cuando se ungió al primer rey de Israel. Samuel, juez y profeta, había envejecido prematuramente por el arduo trabajo que implicaba dirigir al pueblo israelita. Y aunque Samuel había designado a sus dos hijos para que le ayudaran (y eventualmente lo sustituyeran), ellos no andaban rectamente en los caminos de Dios. Esta situación motivó a los ancianos de Israel a pedirle a Samuel lo siguiente: “Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas la naciones” (1 Samuel 8:5). A pesar de que la solicitud no fue del agrado de Dios ni de Samuel, por concesión, se le permitió al pueblo israelita elegir a Saúl como el primer rey en toda la historia de la nación.
Las Sagradas Escrituras, en el Nuevo Testamento, nos recomiendan lo siguiente: “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romanos 13:1). Este pasaje nos enseña contundentemente que los habitantes de una nación han de procurar ser los mejores ciudadanos del Estado, del que son súbditos, con los beneficios y obligaciones que ello comporta.
La razón de esta conducta de sumisión es que toda autoridad deriva de Dios su fundamento y su ejercicio. Considerando que es el Dios soberano quien otorga dicha autoridad a las personas que dirigen un país, es un deber de todo buen hondureño acudir a las urnas para ejercer el sufragio; sometiéndose a la voluntad de Dios, abriendo su corazón y su mente en el mismo momento en que tome su papeleta para marcar su voto en franca obediencia a la voz del Espíritu Santo.
Nuestro voto debe darse con sabiduría y con responsabilidad, si no, no sirve de nada. Elijamos a las personas que más le convenga a nuestro país no solo a nosotros mismos. Cerciorémonos que sean gentes que buscarán el bien del pueblo y no el de su propio bolsillo; que procurarán el desarrollo del país y no el avance de la corrupción y la impunidad. Abramos bien los ojos, de nosotros depende. Comencemos pensando en quienes no votar. ¿Queremos seguir viviendo la misma miseria que hemos aguantado los últimos años? ¿Queremos ser otra Venezuela? ¿Queremos volver a votar en el futuro próximo?
Busquemos en oración a Dios y postrémonos ante su presencia para que Él sea el que elija por nosotros. Nuestra firme petición al soberano Hacedor del universo es: 1) que las elecciones sean honestas, rectas y transparentes; 2) que se lleven a cabo en paz; 3) que en el momento mismo del sufragio, impere Su voluntad.
Que Dios ilumine al pueblo hondureño en estas próximas elecciones y que este 24 de noviembre, el sentido común sea común.