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Impresionantes e impactantes las rutas del destino de la vida, donde un expresidente de Honduras y un exjefe de la Policía Nacional se encuentran prisioneros en el mismo centro de detención de la ciudad de Nueva York.

Juan Orlando Hernández Alvarado, presidente de la república en dos períodos consecutivos desde 2014 a enero de 2022 y extraditado desde el pasado 21 de abril por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, DEA. De igual manera y por los mismos cargos de narcotráfico, posesión de armas, el pasado martes 10 de mayo fue extraditado Juan Carlos Bonilla, el jefe de la Policía Nacional en los años 2013 y 2014.

Dos personajes de la sociedad hondureña que gozaron de la libertad y las influencias de esos cargos importantes de la vida política y policial. Logrando las tres grandes posiciones del poder, la fama y el dinero, que a la vez se convierten en los grandes males de la humanidad, con un poder que corrompe, una fama que enferma y un dinero que te quita la libertad.

Hernández Alvarado llegó a ocupar el más grande sitial del campo de la política al ser gobernante de una nación que lo vio triunfar a su manera, pues para lograr su segundo mandato violó la Constitución de la República y en ocho años de su mandato vivió como un rey.

Hasta esa histórica tarde del jueves 21 de abril, donde encadenado y con grilletes fue subido como cualquier miserable al avión de la justicia estadounidense, donde no sería extraño que sea un boleto sin regreso.

Bonilla Valladares fue el brazo fuerte armado de la Policía Nacional, donde “rugió como un tigre”, hasta que el martes pasado fue subido al avión de la DEA como “un manso gatito” en un país llamado Honduras.