Tegucigalpa se pobló de españoles y criollos en un sitio en donde había un asentamiento precolombino de indígenas. La razón para escoger el lugar de la actual capital: el hallazgo de minas de plata y de oro. Durante la colonia fue un centro minero con muy poco desarrollo urbano; todavía en los tiempos del presidente Marco Aurelio Soto, según nos muestra Antonio Ramón Vallejo en las fotos de su Primer Anuario Estadístico, Tegucigalpa contaba con unas 3 avenidas y no más de 8 calles. Quizá la única obra significativa que dejaron los españoles fue el puente Mallol que ha resistido los embates de múltiples crecidas del río Choluteca.

Cuando en 1821 se proclamó la independencia de la Capitanía General de Guatemala, Comayagua tenía el rango de cabecera de la provincia de Honduras. Al llegar la noticia de la independencia a Comayagua y Tegucigalpa, ambos centros se enfrentaron: Comayagua repudió la independencia y Tegucigalpa se adhirió con fervor patriótico. Esa división propició los primeros enfrentamientos entre hondureños y la rivalidad duró mucho tiempo.

Marco Aurelio Soto trasladó la capital de Comayagua a Tegucigalpa porque tenía intereses mineros. La ciudad ha crecido desordenadamente y es la receptora de la gran parte de la migración de los habitantes de la ruralidad que llegaron a asentarse en las faldas de los cerros de la capital, sin ninguna planificación, con las consecuencias que las lluvias traen al provocar inundaciones, derrumbes y destrucción.

Actualmente es una ciudad abandonada. Los alcaldes anteriores muy poco hicieron por enfrentar los problemas más esenciales y de urgente resolución, sobre todo en las barriadas marginales privadas de seguridad, de calles pavimentadas, de agua potable, de servicio de aguas negras y de electricidad.

Las obras del más reciente alcalde se centraron en resolver el problema de la circulación de los autos sin importar la seguridad de los peatones, obras que, en muchos casos, no fueron construidas con el correspondiente estudio de tal manera que lo que se suponía debían superar, el caos vehicular, más bien lo han acentuado.

Tenemos ahora un nuevo alcalde que ha prometido transformar a la ciudad.

¿Qué hacer?

Limpiar la maleza de las medianas y sembrar jardines. Los vecinos pueden adoptar porciones de la calle o se pueden organizar miniempresas que se ocupen del cuidado de las áreas verdes. No pueden seguir estos sitios convertidos en guamiles y en botaderos de escombros. La maleza de las aceras y de los solares baldíos también debe quitarse por los propietarios o por la alcaldía, cobrando a los dueños el trabajo realizado y una multa.

Deben sacarse de circulación los perros callejeros porque constituyen un peligro para los peatones y porque defecan en las calles provocando malos olores e insalubridad. Los turistas tienen que caminar evitando las heces.

Rescatar el adoquín de la ciudad y fomentar miniempresas que tallen la piedra para sustituir los adoquines perdidos.

El sistema de recolección de basura no funciona. La alcaldía tiene la obligación de estudiar el asunto y poner en acción un sistema más eficiente de control de la basura en las calles, los botaderos no autorizados y los contenedores actuales en donde los buscadores tiran los desechos a la calle. La Policía Municipal está obligada a capturar a quienes tiren basura en las calles y desde los autos.

La alcaldía debe proceder a marcar las calles, sobre todo los pasos peatonales y a instruir a los conductores sobre su uso.

Rescatar los parques para que se conviertan en sitios de esparcimiento. Sacar a buhoneros y predicadores, prohibir los parlantes con alto volumen de negocios, fijar las paradas de buses y prohibir a los taxis que se estacionen en ellas.

El centro histórico requiere ser rescatado. No más negocios con venta de ropa usada. Esos deben ir a la periferia de la ciudad para que en el centro se instalen tiendas y restaurantes que ofrezcan mercadería de mejor calidad para la atracción de los turistas y de los capitalinos.

Basta ver a San Pedro Sula con sus áreas verdes bien cuidadas y llenas de plantas ornamentales o la Ciudad de Guatemala convertida en un jardín. Nuestra antañona Tegucigalpa se merece la atención de todos sus habitantes.

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