Aunque todavía no es una noticia muy difundida internacionalmente, hay un alarmante plan del gobierno de México que podría marcar el fin de la democracia en el país. Se trata de la iniciativa presidencial de desmantelar la muy respetada institución autónoma que regula las elecciones mexicanas.

El Instituto Nacional Electoral (INE) ha jugado un papel clave en la transición de México a la democracia desde finales de los años 90, cuando se convirtió en una institución independiente. Desde entonces ha garantizado elecciones libres y justas en un país que antes de 2000 había estado gobernado por un partido hegemónico durante siete décadas.

Pero ahora, el presidente populista de México, Andrés Manuel López Obrador, quiere desmantelar el INE y reemplazarlo con un organismo electoral mucho más pequeño y débil.

La mayoría legislativa del partido de López Obrador, Morena, aprobó el 26 de octubre crear una comisión de 21 miembros para poner en marcha una reforma política que reemplazaría al INE por una institución más pequeña, recortaría los fondos públicos y el tiempo en los medios para los partidos políticos, y eliminaría 200 de los 500 escaños de la cámara de diputados.

El Congreso mexicano tiene programado debatir esta reforma a fines de noviembre, cuando pocos mexicanos estarán prestando atención: es cuando la selección mexicana jugará contra Polonia, Argentina y Arabia Saudita en la Copa Mundial en Qatar.

López Obrador, al igual que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, viene criticando desde hace mucho tiempo el sistema electoral de su país. Comenzó a hacerlo tras perder una apretada elección en 2006.

Sin embargo, el INE es sumamente respetado dentro y fuera de México.

El presidente del Subcomité del Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, el senador Tim Kaine (D-Virginia), me dijo días atrás que “disolver el Instituto Nacional Electoral en México sería un grave error y otro gran revés para la democracia en México”.

Kaine me señaló por correo electrónico que “un proceso electoral creíble administrado por instituciones independientes” es fundamental para la democracia.

La exembajadora de Estados Unidos en México

Roberta Jacobson me dijo que “la idea de desmantelar el INE es más que preocupante”. Agregó que el INE ha sido “una de las autoridades electorales más sólidas del mundo”, y que sus autoridades han sido llamadas por países de todas partes para ayudarles a garantizar elecciones justas.

“Es parte de los esfuerzos de López Obrador para debilitar o eliminar los entes reguladores independientes”, me dijo Jacobson. “Las democracias fuertes necesitan instituciones fuertes e independientes. Y estas se están muriendo en México”.

La Comisión de Venecia, un órgano consultivo del Consejo de Europa, dio a conocer un informe el 22 de octubre en el que concluye que el plan de López Obrador “podría comprometer el funcionamiento imparcial e independiente” del organismo electoral mexicano.

Daniel Zovatto, director regional para América Latina del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), una organización no gubernamental con sede en Suecia, me dijo que la ofensiva de López Obrador contra el INE es “muy grave, preocupante y peligrosa”. Agregó que “también podría tener un impacto muy negativo en otros países de la región”.

El argumento de López Obrador de que quiere achicar el INE para ahorrar dinero es ridículo, considerando las fortunas que se ha gastado en proyectos faraónicos, que en varios casos son muy cuestionables.

López Obrador ha gastado 18,000 millones de dólares en la construcción de la controvertida refinería de petróleo Dos Bocas, en momentos en que los expertos vaticinan el ocaso de las fuentes energías fósiles, y países como Arabia Saudita están tratando de diversificar su economía para dejar de depender del petróleo.

Comparativamente, el presupuesto anual del INE de $706 millones de dólares ha sido una de las mejores inversiones de México para garantizar su estabilidad democrática, que es la base de cualquier país para atraer más inversiones.

No nos engañemos: desmantelar el INE haría regresar a México a los viejos tiempos en que había un partido gobernante todopoderoso que podía dictar las reglas electorales a su antojo. La única diferencia sería que, esta vez, el que estaría al timón sería López Obrador.

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