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Síndrome de desinformación

  • Actualizado: 02 febrero 2015 /

Noé Vega

Dicen que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Es decir si escuchamos constantemente una mentira, terminamos creyendo que eso es verdad, pero por qué será que no funciona también a la inversa, que una verdad repetida mil veces al final se instale como una verdad en nuestra mente, estas son las malas jugadas que nos hace el cerebro, nuestra mente o nuestra naturaleza humana, pero estamos más orientados a creer en las mentiras que aferrarnos a la verdad.

Vivimos en un tiempo con una carga excesiva de información que nos fluye diariamente, sin que tengamos las herramientas mentales o el tiempo necesario para poder difurcar toda esa información y comenzar a usar aquella que es útil y desprendernos de aquella que es vanal, inútil y estúpida, porque hay que ver qué cantidad de información tonta nos llega diariamente, pero sorprende también qué cantidad de gente almacena toda esa información ridícula y la hace parte de su diario vivir y de sus conversaciones. Esta carga excesiva de información nos está llevando al síndrome de la desinformación, una enfermedad que instala con facilidad información sin sentido, la aferra al cerebro, pero rebaja a un nivel inútil la información que es vital para sobrevivir.

Fijémonos por ejemplo: Todos los días los medios de comunicación escritos nos dicen que hay que comer frutas y verduras para mantenernos sanos, que es necesaria una dieta balanceada que los incluya para poder tener una buena salud, una verdad repetida más de mil veces, todos los días del año, pero cuántos la creen, o cuántos la hacen parte de su vida diaria, una minoría, por no decir nadie. El Ihadfa, le dice a los consumidores que el exceso de bebidas alcohólicas perjudica la salud, pero con el tabaco va más allá y dice este producto daña la salud, pero cuántas hacen caso a estas verdades, sobre todo aquellos expuestos a los productos, una minoría. La mayoría padece el síndrome de la desinformación. Porque esto sucede cuando el cerebro ha dejado de alertarnos con aquella información que debería hacerlo, pero nos alarmamos con información que no tiene sentido.

Cómo se explica lo anterior, pues todos sabemos que tenemos que comer frutas y verduras, pero de repente se publica que las frutas tienen mucha azúcar, entonces, los descerebrados o los que padecen el síndrome de la desinformación dicen que para no hacerse diabéticos mejor nunca consumirán frutas, aquí está el síndrome de la desinformación, pues el cerebro ya no alerta que hay bebidas que tienen tanta cantidad de azúcar que quienes las consumen son candidatos predilectos para padecer diabetes, pero esta parte del cerebro ya no les funciona.

Agreguémosle que el azúcar de las frutas no daña, incluso para los diabéticos, es más, es la azúcar procesada la que produce los efectos dañinos que se temen, pero este síndrome está propenso a cada momento para hacer que el cerebro duerma esa parte que debería alertar en caso de peligro extremo y en cambio, reaccione ante una alerta amarilla que solo indica precaución. Alguien dice que no hace ejercicio porque se desgastan las rodillas, pero se le olvida del peso que tienen que soportar las rodillas cuando en vez de pesar 140 libras la persona, las rodillas tienen que cargar con 250, la primera el cerebro la procesa, la segunda la desecha. Estemos alerta si nuestro cerebro está padeciendo este síndrome.