¡Se puede dejar de ser pobre!

La movilidad social, el acceso a la educación y la generación de empleo son planteados como factores determinantes para romper el ciclo de la pobreza, un fenómeno que, según el análisis, puede perpetuarse entre generaciones cuando no existen oportunidades ni políticas públicas eficaces

La pobreza no es una maldición. Es un estado anormal que algunos padres no tienen la fuerza de derrotar; y que más bien “heredan” a sus hijos. Preparándolos para ser pobres.

Desde la cuna, les enseñan a soportar las ingratitudes y desgracias de la pobreza. En zonas lencas les dan a los recién nacidos café con agua dulce en vez de leche. Los maestros le enseñan a ser pobres. Y algunos políticos -hay que decirlo-, en el caso de Honduras, la mayoría de ellos, trabajan para que los pobres aumenten, porque sin ellos no pueden ganar elecciones.

Conversaba con Carlos Cálix sobre su artículo publicado en un diario capitalino. Le conté que desconocía la “curva de Gatsby”, pero que estaba de acuerdo con ella. También con su tesis de que es posible -en una generación- vencer la pobreza en Honduras.

Le conté el caso de nuestro padre. Lo primero que nos enseñó es que “estábamos pobres”, pero que “no éramos pobres”. Es decir, que estábamos en una situación incómoda, pero que la superaríamos.

Desde el principio, supo que el camino para dejar de ser pobres era la educación. Fuimos siete sus hijos. Todos hicimos la primaria. Seis cursamos la secundaria. Seis ingresamos a la universidad. Tres nos graduamos. Uno con maestría en la Javeriana de Colombia y otro con dos licenciaturas: UPN y Unah. Todo en una generación.

Con el agravante -dudo si es correcto el término- de que Juan Martínez, emigrante de una aldea de Concordia, Olancho, nunca estuvo en la escuela. No sabía leer y escribir. Es un ejemplo nada más. Debe haber millares de casos en Honduras. Conozco muchos. Incluso, el de centenares de militares que lo lograron. Tres llegaron a gobernar el país.

Sobre todo, a partir del hecho de que los padres tengan empleo fijo, estable y remunerado de acuerdo con las reglas del tiempo. Sin un empleo para uno de los cónyuges, por lo menos, es más difícil.

Este empleo es fruto, en el fondo, de exitosas y deliberadas políticas públicas emitidas con el fin de estimular las iniciativas privadas que provocan el aumento de la riqueza nacional.

Esto, aunque parece sencillo -y además confirmado por las realidades que tenemos cerca de nuestros ojos- no forma parte del ideario de la mayoría de los políticos.

Creo, para efectos de estas reflexiones, que el primer gobernante que entendió esta lógica en que Honduras podía vencer la pobreza en un par de generaciones fue Julio Lozano Díaz.

Él empezó -lo continuaron los militares- la tarea de mejorar la educación, perfeccionando a los maestros. Y con la emisión de políticas económicas para crear empleo.

Lozano es el primero que piensa en garantías individuales para el trabajador, al tiempo que consolidó las medidas de estímulo para que los empresarios invirtieran y produjeran empleo estable y bien remunerado.

Villeda Morales le dio continuidad a este proyecto de reformas que parece que Lozano había tomado del discurso “peronista” y, especialmente, de los ecos reformistas de Guatemala.

López Arellano, Melgar y Paz García, así como Suazo Córdova, Azcona -que apoyó la creación del régimen especial de las maquilas en la costa norte-, Callejas, Reina, Flores, Maduro, Zelaya, JOH y Xiomara Castro no han tenido claridad en estas cosas. Igual que yo, no conocen la “Curva de Gatsby”.

En 1975, los militares eliminaron los estímulos a las bananeras, cuando había que hacer lo contrario.

Los seguidores de Mel Zelaya atacan a los empresarios que crean empleo, porque de repente, en forma inconsciente, defienden la forma de asegurar el poder “revolucionario”, manteniendo la pobreza. Como Castro en Cuba, Chávez en Venezuela, Bukele en El Salvador.

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