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Quién sabe qué traerá la marea

  • Actualizado: 14 mayo 2023 /

“Cast Away” (Náufrago) tiene un mensaje que es inevitable resaltar.

Esta superproducción que le valió a Tom Hanks tantísimos premios nos puede dejar una lección de vida:

Así como Chuck Nolan, a la mayoría de nosotros nos tocan muy buenas etapas en la vida, etapas en las que gozamos de buena salud, logramos algunas metas, tenemos solvencia financiera, y a veces hasta estabilidad emocional. En estos periodos fluyen rasgos de nuestra personalidad propios de la situación, así como comportamientos específicos. Luego tenemos esos ciclos malos muy malos, algo así como aquellos “siete años de vacas flacas”. En estas terribles fases hemos perdido muchas cosas que habíamos creído permanentes, así como nuestro protagonista, nos subimos a aquel avión que nos cambiará la vida para siempre (aquí llamaremos a ese avión, malas decisiones). Este cambio del que hablo es serio y muy dramático, las cosas que dábamos por hechas, esas que no valorábamos y que eran tan importantes, de repente, ya no están. Esto nos aterra y nos mantiene por algún tiempo en estado de “shock”. Es entonces que entendemos que necesitamos aprender a sobrevivir sin aquellas cosas o personas y muchas veces nos encontramos desamparados y no nos importaría mucho morir. A veces y por nuestras propias convicciones nos cuesta decidirnos a dar ciertos pasos y cuando nos vemos forzados a hacerlo, la vida nos manda a nuestro Wilson personal, ese alguien que se convierte en nuestro apoyo y que es de alguna manera la razón para no enloquecer. Desde luego que nunca falta uno que otro incentivo como ese bonito relicario que le da tanta fuerza al personaje protagónico de esta película. Para nosotros puede ser algún recuerdo o tal vez una personita que depende de nosotros para estar bien. El asunto es que sabemos que a pesar de lo difícil y complicado que es, tenemos que seguir respirando.

Muchas veces como el señor Nolan, hacemos absolutamente todo lo posible por salir de esa situación y no lo logramos. Y precisamente cuando ya casi nos resignamos, cuando debilitados por tanta fatiga bajamos los brazos quedando fuera de combate, resulta que la marea nos trae una sorpresa, algo completamente inesperado.

Al principio no estamos seguros de qué hacer con aquello, pero una fuerza superior a nosotros nos ayuda a entender como proceder y como por arte de magia, emprendemos el difícil camino que nos llevará de nuevo a la vida, a saber y sentir que todo estará bien, que vale la pena seguir por aquí.

Desde luego que será muy importante de ahora en adelante no olvidar la lección y convencernos de que debemos seguir respirando porque “el día de mañana saldrá nuevamente el sol... y quién sabe que cosa nos traerá la marea”.