Los médicos regularmente aluden a los periodos largos de tiempo que atienden en los centros hospitalarios como “estar de guardia”. Dicha expresión obviamente implica ser el guardián de los pacientes que requieren atención sanitaria mientras se encuentran convalecientes.

En el contexto de la contingencia del covid-19 se ha dicho que los galenos que atienden en dichas salas están “en primera línea”, tesis que considero tiene cierto error de enfoque semántico. Planteo más bien, que la primera línea de contención es el ciudadano que día a día sale a trabajar para ganar el pan diario.

Es decir, los grandes focos de contagios no son los hospitales sino la irresponsabilidad de personas que no han querido vacunarse ni tienen como hábito permanente el uso de mascarilla, esa es realmente la primera línea que está debilísima, pues aún no se entiende la magnitud del desafío.

Los médicos que atienden en las salas son el último eslabón en la línea descendente de la irresponsabilidad del paciente que anduvo en juergas, fiestas, eventos masivos sin medidas de bioseguridad, y cree que ya todo “esta normal”. Es deplorable, por ejemplo, ver personas que tuvieron segundas oportunidades de vida después de pasar semanas enteras en cuidados intensivos relajarse en el uso de mascarilla, vivir su vida de manera tan vacía y superficial sin dimensionar lo ocurrido.

Es así que en los últimos días los médicos están llamando nuevamente la atención a los ciudadanos en el sentido que hay un incremento significativo de contagios y de hospitalizaciones por el covid-19; no ha sido ni es ahora momento de entrar en “modo relax”, todo lo contrario, es tiempo de reactivar los cuidados personales y familiares que se amerita para seguir victoriosos ante la amenaza. Es el turno de alzar la guardia, estar atentos a vacunarse si no lo ha hecho, usar de manera constante la mascarilla al salir de su casa, emplear frecuente gel y/o alcohol en sus manos; asumir el rol de primera línea de contención de manera comunitaria y responsable.