El artículo sobre Yoro y Subirana tuvo reacciones entre las autoridades religiosas. Por lo inusual que un católico de a pie cuestione las acciones de los obispos católicos, hizo que me respondieran: el obispo de la Diócesis de Yoro, monseñor García, y el vocero de la Conferencia Episcopal, Juan Ángel López.
El primero fue muy mesurado, me explicó sus tareas de forma prolija, desde las funciones normales que le corresponde a un obispo, como sus esfuerzos para escuchar al pueblo en sus necesidades y hacer lo posible en la búsqueda de soluciones. Y me refirió que cuenta con “la colaboración de los sacerdotes entregados a su misión y que acompañan día a día a todos los hermanos de cualquier raza o color en sus parroquias”.
Además, me agregó que ha acompañado a todos sus hermanos en estos tiempos de pandemia y dolor. Solo pierde un poco el humor el querido obispo García – al que conozco desde hace muchos años cuando era celebrador de la palabra en la zona sur – cuando responde a la ubicación de la sede pastoral.
Textualmente me dice: “En cuanto a la sede de la diócesis bien puede escribir al Santo Padre para que la cambie. El lugar de la sede me tiene sin cuidado, no me suma ni me resta, puede estar en cualquiera de las parroquias. Donde está el obispo está la sede”. Para nada se refiere a Subirana, a la protección del medio ambiente; ni a la defensa de los indígenas más maltratados de nuestro país, los jicaques. Esa, aparentemente, es obligación de nosotros los seglares.
Y al final de su atenta misiva, monseñor García me dice que a él no le corresponde mantener las carreteras en buen estado. Pero no nos dice qué ha hecho para exigirle al Gobierno que cumpla con su deber. Espero en un próximo viaje a El Progreso saludarle y conversar como hermanos sobre el papel de nuestra iglesia en la creación de un mundo mejor, anticipo del reino de los cielos.
Juan Ángel López, vocero de la CEH, fue más directo. Nos guardamos más confianza. Durante un tiempo fue mi párroco en La Satélite. Es más arrogante, expresivo y directo. Disgustado: “Sería bueno que, si realmente le interesa el espíritu de investigación rigurosamente histórico y no de comentarista político, saber cómo se llama la diócesis a la que usted hace mención. Se lo ahorro: Diócesis Yorensis”.
Después me indica que García no es el primer obispo, sino que antes fue Juan Luis Giasson a quien conocí en 1967 en Goascorán. Después aprovecha para reclamarme el haber dicho que la Iglesia no celebró el Bicentenario, criticándome “se atrevió a decir cosas falsas. Nunca en la historia del país nos habíamos propuesto celebrar ninguna efeméride con una misa simultánea en todas las latitudes... Así que hemos celebrado cien veces mejor que con discursitos cargados de cinismo y triunfalismo que no se entienden. Espero comprenda que me refiero a los discursos de los señores políticos”.
Cuando le cuento que el presidente de la CEH tardó 45 días para responderme que no podía recibirme; y escuchar lo que deseábamos hacer en el Bicentenario, involucrando a nuestra Iglesia que, tan fundamental papel jugó en la independencia, López me dice que “el presidente de la CEH no solo recibe correspondencia de su parte y a razón de la pandemia también ha limitado su presencia en la oficina en Tegucigalpa”. Quiero a mi Iglesia. Seguiré trabajando fielmente. Informo a monseñor García que estaré en el Potrero de los Olivos, recordando la fecha de la muerte del misionero Subirana. El 27 de noviembre.
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