24/09/2022
05:45 PM

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Otra crisis que incomoda

Estamos viviendo una multicrisis en Honduras, señalan los expertos. Las desigualdades son muy acentuadas, la institucionalidad es débil y es urgente fortalecer el Estado de derecho, en el que impere el respeto por la ley y el acceso ágil transparente a la justicia.

Además, hay otra crisis de la que poco hablamos y que igualmente preocupa. Se trata de la crisis de valores que enfrenta la ciudadanía, en la que parece existir muy poca conciencia de los límites que tenemos sobre nuestro actuar, en pro de la convivencia pacífica.

Desde las situaciones más cotidianas, como encontrar conductores de vehículos que no respetan las señales de tránsito y actúan con total impunidad, hasta otros, como la falta de vergüenza ante señalamientos por corrupción, todo indica que hemos perdido el sentido sobre el deber ser, al menos en nuestra conducta ciudadana.

Hay falta de conciencia colectiva, de enfoque en el bien común, de cordura para comprender que coexisten diversas realidades bajo este mismo cielo y que no por ser distintas esas otras situaciones de vida no merecen atención.

Nos mal acostumbramos a vivir en el desorden, en el que las leyes y las normas nos parecen buenas, siempre y cuando su aplicación sea flexible.

Aún peor, por años hemos dado un terrible ejemplo a las nuevas generaciones que han crecido creyendo en el mínimo esfuerzo para obtener grandes resultados, que tener contactos es más valioso que adquirir conocimientos, que el éxito de las personas se mide única y exclusivamente por las riquezas materiales.

Que es válido elevar la voz para ofender, tanto como el volumen de los altoparlantes, imponiendo los gustos musicales por encima de los de los demás; ser muy sensible ante opiniones distintas, pero burlarse públicamente de cualquiera que no coincida con la forma de ver la vida.

Vivimos una crisis de valores que impacta nuestra forma de ser y de relacionarnos, una sociedad que se ríe de sus propias miserias y en ocasiones hasta las celebra.

La desfachatez se instaló desde hace muchísimo tiempo, no hay temor alguno al escarnio público porque simplemente no existe, puesto que la sociedad parece indiferente y permisiva.

Hay una crisis de valores en Honduras, que debe ser abordada desde todos los ámbitos. La corrupción no solamente es un asunto del Estado, sino una enfermedad que afecta cada espacio de la vida.

Desde el estudiante que se enfoca en pasar las clases y no en aprender, quien utiliza los espacios destinados a personas con discapacidad sin necesitarlos, aquellos que lanzan basura por las calles, todos de alguna manera alimentan una cultura que privilegia los antivalores.

Es urgente recuperarnos de esa otra crisis de la que poco hablamos, de redefinir y fortalecer aquellos valores ligados a la hondureñidad.

El respeto, la responsabilidad, la honradez y la honestidad, entre otros, no son asuntos del pasado, sino que son más necesarios que nunca, no solamente para los demás, sino para todos nosotros, sin excepción. En la medida en la que nos incluyamos, podemos tomar mayor conciencia del presente compartido y el futuro que nos espera.

Recuperarnos de esa crisis implica desarrollar campañas de sensibilización y formación en valores en todos los ambientes, así como fortalecer la familia, la comunidad primaria. Ojalá tomemos acción colectiva, para ver resultados pronto.