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Orgullo y prejuicio

  • Actualizado: 08 octubre 2013 /

Orgullo y prejuicio

Original de Helen Jerome, basada en la novela de Jane Austen, traducida al español por Francisco Saybe. El círculo teatral sampedrano ha llegado a 158 obras teatrales en el lapso de 44 años continuos. Como es usual en el teatro de Saybe, no han escatimado esfuerzos ni energías para recrear en toda su plenitud los complicados ambientes y escenarios de una Inglaterra memorable. Los acontecimientos de la historia pueden ser ubicados entre 1810 y 1815 y de alguna manera los personajes traslucen cierta fatiga fastidiosa en su comportamiento grupal. La historia narra el impacto sentimental y emocional que produce en las “niñas bien” de la zona rural, la presencia de unos hidalgos citadinos que realizan pesquisas como soldados de un regimiento. De inmediato la obra nos pone ante la dramática situación de “orgullo y prejuicio” que se puede desatar entre unas hermanas ilusas –preciosas ridículas, diría Moliere– que desean llamar la atención de unos forasteros orgullosos.

No exenta de chispeantes toques de humor –mostrados en el cinismo y la hipocresía de una madre casamentera que desea encontrar buenos partidos para sus ingenuas hijas– la obra se va hilvanando genialmente en una serie de malos entendidos espoleados por el orgullo y agudizados por el prejuicio. Y cuando digo “genial” me refiero a la impresionante trama verbal de los personajes y a los laboriosos diálogos que –intencionalmente– la obra pone de manifiesto. En este caso el mismo lenguaje es un protagonista de la obra, y las actrices sobre todo Alba Luz Rogel, Mairin Ramírez y Gina Renata Borjas, y los actores Abel Fonseca y Oscar Barahona no se han quedado a deber en los desafíos de interpretación y correcta textualidad. La obra es toda una odisea que ahonda en el mezquino corazón de personas que se ponen trampas sentimentales y que se deleitan en las exquisitas insidias de una vida que oscila entre lo cortesano y lo vulgar. Pero a la vez pone a la vista del público la agonía de las emociones inglesas en un momento en que, aparentemente, los ideales se han esfumado. Es una obra simple pero muy honda y provocadora. De alguna manera pone a la vista del público las desilusiones de la autora –Jane Austen– con respecto a definir cuál es el mejor asidero para merecer y encontrar el amor. Desde luego salta a la vista un personaje amoroso, fiel, persistente y resistente: Elisabeth Bennet. Correctamente interpretado por Mairin Ramírez. Elisabeth es una luz débil entre las sombrías intrigas de unas familias que se devoran con sutileza, pero su luz va creciendo cuando se descubre que el amor, a pesar de los laberintos y las desesperanzas, siempre prevalece. Con esta puesta en escena el Círculo se consagra de nueva cuenta y llega a sus 44 años con una lozanía artística realmente extraordinaria. Saybe sigue mostrando, sin alardes, La sutiles debilidades emotivas de un mundo que al final de cuentas no cambia mucho… con el paso de los siglos.