El Congreso Nacional de la república cumple el primer año de legislación entre señalamientos de ilegalidad y corrupción, y a su vez, desde la presidencia del ingeniero Redondo la argumentación de su constitucionalidad y validez en su designación en la titularidad del Poder Legislativo.

Lo cierto es que el ingeniero Redondo recibió un catre flojo que tiene la altísima responsabilidad de reparar en todas sus grietas, la década anterior fue absolutamente nefasta y nociva en toda su dimensión para este pobre pueblo que se debate en la extrema miseria. Sin embargo, ese discurso que solo observa al pasado ya debe quedar justamente ahí, en el pasado que no se puede modificar, pero que sí se puede revertir sus agrias consecuencias con decisiones sabias en el presente; ello significa que al cumplimiento del primer año, ni el poder legislativo ni el ejecutivo deben escudarse más en el retrovisor sino avanzar hacia el mañana con visión clara de lo que el país requiere.

En esta primera legislatura hemos podido observar mucho de lo mismo y poco de lo nuevo y mejor, tímidas luces se ven opacadas por las oscuridades de siempre, contradicciones e incoherencias son el día a día en el hemiciclo, mucho de ello a consecuencia de la falta de catadura moral para ser una voz autorizada que guíe con un liderazgo transformacional. El Poder Legislativo debería ser la expresión democrática por antonomasia, el nivel de debate y de argumentos debería ser una cátedra con didascálica normalidad para la ciudadanía, los argumentos ad hominem deberían ser la excepción y no la norma; el interés real de la patria por encima de la vaguedad del interés particular o de grupo.

Una de las más grandes responsabilidades que afrontará este poder del Estado será la elección de los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia que marcarán la vida jurisdiccional y de acceso a la justicia para lo que resta de la década, esperemos pues que salga de la redondez del pensamiento para avanzar a la multiforme necesidad de respuesta concreta que demanda la sociedad hondureña.