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Mil razones para irse de Honduras

  • Actualizado: 28 diciembre 2014 /

Todos los días, varias docenas de compatriotas deciden abandonar Honduras, y le puedo asegurar que los entiendo.

Muchas veces yo mismo he sentido el deseo de irme a vivir a otra parte, aunque quizá no por las razones que usted piensa.

¿Cuál es el motivo número uno por el cual a veces siento el impulso de salir corriendo?

Aunque usted no lo crea, ni más ni menos que por el insoportable volumen con que ponen la música en algunos restaurantes, supermercados y almacenes.

¿Quién les habrá dicho a los administradores de esos establecimientos que la música a niveles escandalosos atrae gente? Lo único que con seguridad se consigue elevando la música hasta convertirla en ruido intolerable es romper unos cuántos tímpanos y hacer que los clientes nos marchemos a toda velocidad hacia la frontera más cercana.

También da ganas de irse de Honduras una variante del mismo tema: las discomóviles.

Algunos comerciantes instalan en las puertas de su negocio a un DJ (La D -obviamente es de Degenerado) que no es otra cosa que un verdugo de oídos y parlantes, quien sin tener el menor respeto por la gente, con altísimo volumen dice todas las sandeces que se le ocurren, en un intento de atraer clientes y promover sus productos. El resultado, obviamente, es el opuesto, lo único que consigue es ahuyentar a los posibles compradores.

Soy de la teoría que países que durante mucho tiempo han vivido en desorden, revoluciones y guerras no se den cuenta que ese carácter belicoso y pendenciero se lo deben al volumen con que ponen la música en centros comerciales, calles y hasta en las casas.

En México -por ejemplo- cómo no se van a estar peleando todo el tiempo si la música de mariachis, gritos y tromperas exasperan los ánimos hasta el extremo de soñar con revoluciones por cualquier motivo.

En los USA -en los barrios más populares- el sonido escandaloso de parlantes y música callejera sin duda provoca las oleadas de violencia que vemos constantemente.

Hay muchos ahí que posiblemente salen a la calle buscando a quién matar sin darse cuenta de que todo se debe a una especie de locura provocada por el alto volumen de la música.

Si usted lo duda, pruebe un día en su hogar: apague el televisor y la radio, dígales a todos que hablen un poquito más quedito -ya sea personalmente o por el celular-, calle al perro, y podrá comprobar que el silencio está relacionado íntimamente con la paz y la tranquilidad.

Baje el volumen y su vida entrará en un nuevo reino de calma y sus deseos de irse de Honduras desaparecerán.

He tenido la oportunidad en la vida de conocer casi todo el planeta y le puedo garantizar que hay una relación directa entre lo salvaje de un país y el volumen de la música que tocan.

También he llegado a sospechar que el volumen de las discomóviles puede ser una de las razones por las cuales no recibimos visitantes extraterrestres. ¿Quién va a querer venir a la Tierra cuando a lo mejor andan huyendo del escándalo de su propio planeta? ¿Se ha dado cuenta que los platillos voladores siempre son presentados volando en silencio? Sus motores no hacen ruido, por algo será.

Otra de las razones por las cuales a veces siento deseo de abandonar Honduras es por las motos. Aquí los motociclistas se suben a las aceras, se meten en sentido contrario, quitan el derecho de vía a todo el que se le ocurre, son los reyes de las calles y del desorden.

Los motociclistas son tan abusivos que ponen su propia vida en la mano del auto que viene en sentido contrario. El conductor del otro carro por humanidad (o por no llenarlo de sangre y pedazos de hueso) prefiere cederle el paso.

Cierto que tenemos crimen y violencia. La situación económica no anda del todo bien, pero sostengo que nada de eso es motivo para desear irse. Es el ruido, son las motos los que provocan ganas de salir en carrera.