01/12/2022
07:07 AM

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Los Hernández, el militar y el “marxista”

Vivimos en un mundo surrealista. El coronel Hernández, declarado militante de Libre, sin preparación para ello, nos da lecciones de inclusión verbal, enseñándonos cómo usar el español, con más habilidad que los miembros de la Academia Hondureña de la Lengua.

A estas horas Víctor Ramos, director, y Melissa Merlo, secretaria de la docta institución, encargada de la protección brillo y oportunidad del español, se preparan para cortejarlo, de forma que sus enormes conocimientos lingüísticos se pongan al servicio del país. Y, además, que la lámpara deconstructiva de Libre transforme la cultura nacional, después de haber conquistado el pensamiento de los oficiales de las Fuerzas Armadas que, siguiendo los pasos de Hernández, se convertirán en miembros de la guardia pretoriana para proteger a los Zelaya. Pero como recomendara Rafael Correa, además de dominar y someter a la institución armada, se trabajará para dominar el aparato cultural, destruyendo tradiciones e introduciendo nuevos conceptos para producir nuevos comportamientos y hacer posible el sueño del Che: crear el nuevo hombre socialista.

El liderazgo lo tiene Edwin Hernández, figura extraña, pálida, desconocida, de colita, arito orejero – no sé, si la izquierda o la derecha, por lo que no puedo intuir inclinación sexual y tatuaje, en homenaje a un inexistente 19 Conejo, o de sus delirios, ha elevado a figura mítica que sustituye a 18 Conejo.

Hernández es un discreto marxista, con lecturas poco masticadas de Lenin – “El estado y la revolución”— y con posturas “negacionistas”: la Patria no existe, los héroes son los que escogen los gobernantes – hay que sacar al Padre Reyes porque los curas huelen mal— incorporar a Berta Cáceres, menospreciando a Janeth Kawas que está comprobado que fue muerta por defender el bosque en Tela, Atlántida. Pero que no fue marxista. Y, además, los desfiles no son para honrar a la Patria, forjar el carácter hondureñista, sino para crear en la mente de las nuevas generaciones la adhesión perruna a los gobernantes, al partido y al marxismo recalentado.

Y para lograr el sueño incumplido del Che Guevara que se murió en Bolivia, creyendo que la revolución podía crear el nuevo hombre, el “homus revolucionarius”. Y todo, al ritmo de tambores ruidosos para hacernos olvidar que los actuales gobernantes son los más incompetentes de la historia de la reconstrucción democrática. Más incompetentes que el gobierno liberal de Manuel Zelaya, que pese a todo, tenía un mayor nivel de ejecución presupuestaria que el régimen que en forma simbólica ejerce su señora esposa, más con ánimo de gobernanta de Casa Presidencial que de titular del Ejecutivo.

Las fuerzas de la oposición tascan los frenos. Algunos creen que hay que definirse antes de oponerse. Otros creen que en la oposición frontal al gobierno sin límites en lo que quiere destruir, se logra la unidad. Otros, queriendo perder el tiempo, buscan la unidad y alianzas, antes de enfrentar el peligro de un gobierno desbocado. Al final, se impondrá la lucha para detener los excesos del gobierno que, además, descuida el crecimiento económico, rompe las relaciones con los Estados Unidos y se inclina, peligrosamente, hacia los grupos autoritarios que libran su guerra mortal contra la democracia occidental.

Hay que animar a los docentes para que defiendan la democracia, las instituciones tradicionales (familia, municipio y sociedad), la libertad para escoger qué pensar y creer, comprar y donde vivir, consolidando la paz y la seguridad, porque no podemos aceptar un gobierno que no nos da seguridad que podemos trabajar sin la amenaza del ataque de los delincuentes; y que, en consecuencia, nos empuja a huir de Honduras para emprender los inseguros caminos de la emigración.

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