07/04/2026
06:35 PM

Los deseos inconscientes

Salomón Melgares Jr.

“Actualmente estoy trabajando con un creyente muy fiel en su iglesia que al inicio del tratamiento se levantaba mal todos los días, como consecuencia de sus malos sueños. Como [ya se ha dicho], en los sueños se realizan los deseos inconscientes, y el deseo de esta persona era sufrir y castigarse a sí misma. Sus sueños eran monotemáticos: él era siempre la víctima, sufría terriblemente. Estaba pagando por sus pecados…”. El psicólogo que relataba esto llegó a la conclusión de que el inconsciente de su paciente había proyectado en la imagen de Dios la imagen de su padre, que fue un déspota cuando él era niño. “En su inconsciente tenía un concepto de Dios como el de un tirano que nunca perdona”, explicaba. “Aunque conscientemente creía en el amor, el perdón y la gracia de Dios”. Y la pregunta es, ¿cuántos de nosotros podríamos estar cayendo en esta misma trampa, dejándonos influenciar por las confusiones y contusiones de nuestro inconsciente? Y esto es importante dilucidarlo porque lo que está en juego es nuestra salvación. No solo desde el punto de vista de la eternidad, que en sí es lo más importante, sino de nuestro presente, que podría suponernos estar muertos en vida. Norman Cousins lo plantea así: “La gran tragedia de la vida no es la muerte. La gran tragedia de la vida es lo que dejamos morir en nuestro interior mientras estamos vivos”, por eso el consejo es estar alertas, tratando de reorientar de forma positiva —o no dejándonos mangonear por— aquellos deseos inconscientes que intenten matar nuestro interior o que ambicionen quitar de nosotros toda esperanza; volviéndonos a la vez, como dijera el psicólogo, “ateos a los dioses que no son dioses, para encontrar la paz en el Dios verdadero”.

Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Y en otra ocasión: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).